miércoles, 27 de febrero de 2013

Me estoy quitando



Me estoy quitando de twitter. Lo he decidido después del tsunami de las tres letras. Era lo que me faltaba. Después de la experiencia laboral más amarga y horrorosa que me ha tocado vivir, tener que aguantar (nadie me obliga, lo sé) a gilipollas de un lado y de otro discutiendo, lamiéndose las heridas, compitiendo por ver quién alcanza el nivel más estratosférico de dolor e indignación. Unos y otros disculpándose, acusándose, insultándose, mintiendo. Y lo peor es no poder contestarle a nadie. No sólo porque 140 caracteres no den mucho de sí en semejante circunstancia. Ni porque el anonimato genere un chulería y una falta de rigor, un morro y un dudoso sentido de la humor, del sarcasmo. Es que al final entras en un bucle absurdo de gracietas que no tienen ni puñetera gracias, un no parar de almohadillas con reproches y palabras que pretenden resumir una auténtica putada.

Me está costando. Y la culpa la tiene la blackberry que la llevo siempre encima. Hasta cuando estoy en casa con las mías me la meto en el bolsillo de la chaqueta de estar por casa. Y cada 20 minutos le echo un vistazo… con la excusa de que voy a mirar el correo, me meto en Twitter y descubro la última hazaña dialéctica de algún tuitero que escribe sobre el tsunami de las tres letras. Y me enciendo y me voy al whatsapp a comunicárselo a mis borregas. Son dos amigas del trabajo. De momento les seguiré llamando así, sé que no se van a molestar. La primera medida para reducir mi dependencia de todo esto ha sido la siguiente: cuando llego a casa el móvil se queda en la estantería del salón. Nada de llevarlo adosado al cuerpo. Si es algo urgente llamarán. Si es sólo un whatsapp, puede esperar. Si es la notificación de una mención en Twitter o en Facebook, ya lo miraré, pero es raro, porque mi actividad en ambos es escasa. Y me digo a mi misma… si es algo ineludible, inaplazable, de vida o muerte o de cobertura obligada…. sonará el teléfono.

Además de estas medidas, me he liado a hacer unfollows como una loca. Mermará el nivel de mi presencia tuitera, incluso rebajará la eficiencia del uso profesional que yo quería darle a Twitter, pero más me vale que me dé igual porque ya me estaban poniendo mala. Ahora Twitter ya no me ofrece seguir a compañeros y colegas. Sólo a medios de comunicación internacionales y a blogueras maternales o lectoras, a criadores y criadores naturales incluso a la miembras de la guerrilla uterina y lactivista. Y eso está bien. Me sienta bien.


No sé si quizá debería completar esta rehabilitación 2.0 revisando Facebook. Quizás sí, pero la verdad es que el caralibro no me ha generado tanta ansiedad aunque en los meses anteriores al tsunami, durante y después también he leído cosas que me han estresado. Lo bueno es que allí se mezclan con chorradas varias, con fotos de carnaval, chistes, coñas, noticias de mis yankies, amigos y amigas cansinos y cansinas que exhiben su amor por la parienta a los cuatro vientos o que hacen de disc jockeys o que cuelgan las fotos de sus viajes, excursiones, hijos, maratones… Y eso, al final, no será tan intelectualmente molón, pero a mi me relaja.

Pues eso, que me estoy quitando. Aunque sí… Solamente me pongo en vez en cuando.


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