lunes, 8 de abril de 2013

Las cosas del criar: Celos


Ladecuatro ha aprendido este fin de semana a ir en bici sin ruedines. Mi orgullo maternal está en un nivel baboso importante. Muy importante. Mi hija pequeña es cabezota, impulsiva, decidida, tiene una fortaleza física notable... lo que viene a definirse como ser más bruta que un arao. Ya hacía tiempo que nos decía que quería intentarlo. Este fin de semana hemos hecho la vuelta ciclista al suburb y después de comprobar que tenía los ruedines desgastados de coger las curvas como Kevin Schwantz y que había aprendido a hacer el caballito con la rueda delantera hemos pensado que le había llegado el momento de pedalear sin puntos de apoyos.

Y no ha costado nada. Como si lo hubiera hecho toda la vida. Su padre la ha cogido del sillín, unos cuantos balanceos para coger el equilibrio y al ataque. No ha parado de dar vueltas a una pequeña plazoleta, se ha caído 4 o 5 veces y se ha levantado como si nada, estaba eufórica. Su hermana mayor la miraba embelesada, le aplaudía, le animaba y nos ha dicho: 'Yo también quiero aprender'.

Ladeseis es igual de torpe que yo. Le pintas una raya de boli en el suelo y tropieza con ella, pero la visión de su hermana pedaleando libre como una mayor, le ha animado y ha visionado algo que tiene mitificado: ir las dos juntas a comprar el pan en bici este verano. Hemos procedido padre y madre de la misma manera que hemos hecho con la pequeña. La hemos guiado perjudicando seriamente nuestros riñones y zona lumbar, pero aquello no avanzaba. Ladeseis no acababa de coordinar ni de entener que si no pedaleas te caes y en un momento de espejismo en el que hemos pensado que íbamos a tener ya dos niñas ciclistas, Ladeseis se ha pegado una castaña. De esas que dejan señal en las rodillas para toda la vida y que en nuestra época se superaban con mucho pundonor y con mucha mercromina. 

No se ha hecho daño pero se ha asustado y ha llorado mucho, la pobre. Y allí estábamos, padre, madre, avi y àvia consolándola cuando de repente aparece Ladecuatro, brazos en jarra, diciendo 'pues yo me he hecho más daño que ella y me he caído más veces'.

Celos, sí, de eso también tenemos. A los celos le temíamos cuando esperábamos a Ladecuatro. Ladeseis era la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina, la primera sobrina-nieta.... era el centro del universo familiar, la candidata perfecta a princesa destronada. Nació su hermana y ella tenía dos añitos recién cumplidos y miraba a esa bebé hermosa y morenaza con tanto amor que era para comérsela. Venía gente a casa y todos atendían primero a la mayor, por aquello de que no tuviera celos de la bebé. Y yo creo que la bebé se fue quedando con la cara de todos los que tenían ese gesto de ignorancia hacia ella y de atención sobredimensionada hacia la mayor (mi padre y mi suegra, especialmente) y ahora se las está cobrando todas juntas. Si se ponen malitas, ella siempre tiene más fiebre y más pupa en la garganta. Si se habla sobre su hermana en una conversación normal, corriente y sin trascendencia, léase, 'Ladeseis se va mañana con el cole de excursión a al granja-escuela', ella siempre incide con su ya famoso '¿y yo?'.

Yo fuí niña celosa. Soy la mayor, también la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina, la primera sobrina-nieta... y yo sí que cumplí el guión al nacer mi hermano. Primero, me vino fatal que fuera un chico porque yo quería una hermana. Segundo, era más bueno que el pan y tan, tan, tan guapooooooo, que aún resuenan los piropos en mi cabeza. 'Su hermana es muy lista, pero él es muuuuy guapo'. Evidentemente, no lo he superado. Y para acabar de arreglarlo, a mi me pegó por lo terrores nocturnos. Mi mecanismo para sublimar esta manifestación emocional fue, torturar a mis padres con noches de paseos por un largo pasillo hasta la habitación de matrimonio o torturar a mi hermano compartiendo habitación con él y metiéndome en su cama hasta mis 8 y sus 5 años.

Lasmías no pueden estar la una sin la otra, se quieren, se adoran, juegan, se pelean, ríen mucho, la verdad es se parten de risa a carcajada limpia continuamente. Pero Ladecuatro no puede soportar que Ladeseis tenga un nanogramo más de atención que su hermana. Seguimos religiosamente todas las recomendaciones de pedagogos, psicólogos, abuelas y cualquiera que tenga algo que opinar. Pero cuando los celos llegan al límite de preguntar '¿por qué nacistéis (sic) primero a mi hermana que a mi?' ya prefieres no preguntar a nadie, asumir que tienes una de cada, para no aburrirte e ir escribiendo en el libro de las cosas del criar (que no la crianza, que no me gusta nada esa palabra), tu experiencia personal por si le sirve a alguien. Y claro, vas y te abres un blog a ver si, así, por escrito te ríes un poco de las cosas que te hacen ponerte frenética.



1 comentario:

  1. No esperaba mucho de ti porque te conocia de bebes y mas. No entiendo esta moda de madres que se burlan de sus hijos y que se ríen en upblico de sus rabietas cuando lo que hay que hacer es acompañarles, comprenderles y uentan cosas que les ridiclizan. Y todo lo que hacéis es contarlo en un bloc, pero bueno.

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