martes, 2 de abril de 2013

El descontento

Tristeza
Pierre Mornet
¿De dónde nace el descontento? Estamos suficientemente ligados, pero temblamos. Estamos alimentados, pero el hambre los corroe. Hemos sido amados, pero nuestro anhelo corre por otros campos. Y todo esto se ve espoleado por el tiempo, el maldito tiempo. El fin de nuestra vida no está ahora tan terriblemente lejos… podemos verlo del mismo modo que vemos la meta al término de una carrera… y nuestro espíritu pregunta: "¿He trabajado bastante? ¿He comido bastante? ¿He amado bastante?" Todas estas preguntas, desde luego, son los cimientos de la mayor maldición del hombre y tal vez de su gloria mayor.
"¿Qué ha significado hasta aquí mi vida, y qué significará en el tiempo que aún me queda?" Y ahora llegamos al dardo maligno y empozoñado: ¿con qué he contribuido en el Gran Libro Mayor? ¿Cuánto valgo?
Dulce Jueves. John Steinbeck.


No cogía el coche desde el pasado jueves. Se me han acabado de las vacaciones y he vuelto a trabajar muerta de sueño, con pocas ganas y en reserva. Hay pocas cosas que odie tanto como ir a la gasolinera. Me de pereza y además genera en mi pensamientos negativos apocalípticos. ¿Y si explota todo con una chispa del móvil? ¿Y si se me queda la tapa del depósito abierto, va cayendo un hilillo de gasoil, paso por encima de la colilla que un asqueroso fumador ha tirado por la ventanilla y me sigue una estela de fuego que al final envuelve mi coche como una bola de fuego? Y encima, he decidido poner 50 eurazos y parecía que no acababa nunca. Y venga al pensamiento negativo.

Lo único bueno de trabajar los festivos (los plumillas trabajamos los festivos y fiestas de guardar) es que el parking está vacío. Esto hasta ahora era un gran alegría. La vagancia. Puedes aparcar cerca de la garita donde fichas y lo mejor es que cuando sales, llegas enseguida al coche para pirarte a casa. Hasta ahora, poder aparcar al lado de la garita molaba mucho. Ahora da mal rollo.

Cuando trabajamos un festivo, somos menos. Más o menos los que seremos en breve en cuanto esté consumado el tsunami de las tres letras. Tontería de nombre que le he puesto. Lo describe bien, pero es una tontería de nombre. He entrado a mi redacción de cortinas naranajas y se me han venido encima 16 años de ilusiones, de experiencias, de mucho curro, de presiones y libertades, de muchos colegas y pocos amigos. Muy pocos. En concreto 3. De buenos y malos jefes. De muchas risas y 3 lloreras. Dos de ellas, por y para un buen jefe. Y me he dado cuenta de que aquí estoy instalada en el descontento.  El maldito tiempo no nos ha tratado bien. Éramos jóvenes y sobradamente ilusionados. Unos privilegiados. Y creíamos que siempre íbamos a ser así y no ha sido verdad. Y esto era lo que más queríamos y en mi caso sigue siendo así. Pero ya no es lo mismo.  Estamos pagando como todo el mundo la puta crisis. No sólo nos pagan cada vez menos, también tenemos que devolver un plus que nos pagaban cuando todo era perfecto. Y no todo es la pasta, claro, pero todo suma.

Estamos un poco hartos unos de otros. Los que se van y los que nos quedamos. Hay carteles por todo el edificio que generan muy mal rollo. Hay una competición constante por ver quién está más jodido por esta situación. Evidentemente el que se va. Y entre los que se quedan hay carrera hacia el pódium para demostrar el nivel de conmiseración y lástima por el que se va. Luego estamos los que nos quedamos y callamos porque algunos de los que se van nos han dicho que no soportan dar lástima. Uno de los que se van me arrancó un buen ataque de risa el otro día. Me decía que como le venga otro u otra llorando por las esquinas le va a dar su carta de despido como las cruces en 'La vida de Brian'.  ¿Crucifixión? Pues eso. Julián, eres un crack. 

He caído en el descontento. Espero no caer en el desencanto. 




2 comentarios: