sábado, 13 de abril de 2013

Hola, soy la nueva




Cambias de colegio a mitad de curso. Entras en una clase multitudinaria, de las de 40 alumnos, de las de B.U.P. Te has cambiado de instituto porque en el anterior no te acoplabas. La verdad es que tampoco estabas del todo mal. Querías hacer amigos, de verdad, pero te embroncabas día sí y día no con un grupito peleón. No veías las cosas igual que ellos y no te podías callar la boca.  Tenías dos amigas que siempre te defendían. Una era más conciliadora y generadora de buen rollo. La otra era una empollona y aún más guerrera que tú. Con la más conciliadora te has cruzado un par de veces por los pasillos del nuevo instituto, pero cuando te has querido dar cuenta ya estaba entrando en su clase y sonaba la campana para entrar en la tuya. Y aún no habéis podido hablar. A la más guerrera le has pedido completamente la pista.

Y te reciben bien, normal, con indiferencia pero de buen rollo. En este colegio y en esta clase hace tiempo que se conocen y tú eres nueva y has llegado con el curso empezado. Te das cuenta de que todas son alumnas aventajadas.  Digo todas, porque la verdad es que parece un instituto femenino. Te presentas discretamente. En el comedor te sientas en una mesa con un grupo que parece muy unido y que son muy divertidas. ¿Está libre? ¿Sí, sí claro? Y te sientas con tu bandeja, y dices alguna gracieta después del 'bueno, que aproveche' y las miras y las oyes hablar y reírse. De la mitad de las cosas no te enteras porque hablan casi en clave pero vas pillándole el gusto.

Pasa un día y otro día y todo sigue igual. Y lo peor es que tú sabes que la paciencia no es uno de tus fuertes. Eres un poco pesada. Te precipitas siempre pero decides que esta vez no va a ser así. En clase te sientas siempre en el mismo sitio, sigues pidiendo permiso para sentarte en la misma mesa del comedor, te apuntas a un club de lectura, a otro de escritura. Al de deportes no, porque eres más vaga que un puente. Y un día, te atreves a hablar con una de las chicas de la clase que mejor te cae, para decirle que a ti también te gusta el escritor de los pulpos con apoplejía. Y te vas tan feliz a casa.

Otro día te para por el pasillo de las chicas más simpática de la clase. La del pelo rosa. Ha leído algo de lo que escribiste en el club de redacción y te dice que le ha gustado y que va a estar pendiente de lo que escribes porque le ha resultado divertido. Y así es. 

Pero tienes miedo de estar resultando cansina, indiscreta, plomo. Te sabe mal y te pones roja a veces cuando hablas con alguien. A tu edad. Quizás no te quedes en este colegio y te sabe mal porque parece estar hecho a tu medida. Tienes la sensación de haber llegado tarde. Pero eso lo piensas porque eres muy pesada y nunca tienes nada claro. Así que, decides tener paciencia y pensar que lo estás haciendo por ti y para ti. Y que además, te gusta.

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