miércoles, 26 de junio de 2013

La peluquería (y 2)

Pues este es el resultado de mi paso por la peluquería. Perdonen que no me levante (y que no me gire). Pero creo que a pesar de la ínfima calidad fotográfica se aprecia de dónde 
veníamos y dónde hemos llegado. Estoy viendo que además de que la calidad fotográfica no llega al mínimo,  la maquetación nunca ha sido lo mío. Ni cuando estudiaba en la carrera de plumilla, con el tipómetro, el Quarxpress y demás compañeros mártires. Así que la composición de las fotos me ha quedado muy artesanal. Dejémoslo así. 

El corte de pelo es una señal, una metáfora. Una imagen inequívoca. No sé muy bien de qué, pero sé que quiere decir algo. Es algo que tenía aparcado desde hace tiempo, algo que quería hacer porque pensaba que me vendría bien en estos momentos de crisis vital. Me lo pedían mis amigas, mi madre que es muy moderna... pero también había gente que me decía qué lástima de melena... Elmío, mi padre, Ladesiete, que como muchas niñas tiene idealizado el pelo largo... Y yo me veía a mi misma en el espejo, cepillo y secador en mano, en pleno frenesí del brushing, haciendo sufrir a mi bíceps y compadeciéndome de los peluqueros y sus espaldas y pensaba... córtatelo, ahorrarás tiempo, incluso dinero porque no vas a gastar tanta luz. Recuerdo que en mi boda, mi padre le soltaba a todo el mundo una frase pseudo graciosa cuando venían a felicitarle: sí, pierdo un hija, pero gano un cuarto de baño y seguía explicando que es que me tiraba una hora en el baño secádome el pelo. 



Ahora me estoy acostumbrando a manejarlo después de años de estirar largos y densos mechones con un cepillo de cerdas de jabalí. Me he comprado un cepillo de rulo térmico-cerámico-con mango de madera que se supone que elimina la electrididad estática y reduce el encrespamiento. Y un huevo de pato. Qué pena de 12 euros tirados a la basura. El cepillo me da dentera. Yo creo que no expulsa la humedad de mis cabellos y hace que me queden tan encrespados que parezo Pumuky. Ni protectores de calor, ni sèrum anti frizzing, ni aceites milagrosos. Nada. Un drama. La cerda de jabalí es única. 

Sí que he notado una excelente mejora: el tiempo empleado en lavarme el pelo. El tiempo es oro y en el caso de una procrastinadora como yo, platino. Una única aplicación de champú, rápida y vigorosa. Una nuez, no... una avellana de mascarilla en las cortas puntas. Y chimpún. El tiempo dedicado a la ducha matinal se reduce y lo puedo invertir en cualquier otra rutina de belleza. Quitarme cejas rebledes, por ejemplo.

No he comprobado los efectos del pelo corto en actividades deportivas. Mayormente porque soy una tía sedentaria. Tampoco me he bañado aún en la piscina, así que no se cómo va a reaccionar mi cabellera. Me flipa la gente con pelo que se seca al aire y queda liso y perfecto. Si yo me dejo secar al pelo a su libre albedrío, el resultado es nefasto. 

Mi madre y N dicen que me he quitado 5 años de encima. Pero siempre se ha dicho que el pelo corto hace mayor. Aún tengo que reflexionar sobre este tema.

Así que de momento, el balance es bueno. Y no tengo mucho más que añadir. Salvo que después de estar muchos días sin escribir, vuelvo a salir de un post convencida de que estoy como una cabra.



2 comentarios:

  1. Te aplaudo... tengo que seguir tu ejemplo!!!

    Genial el corte!

    Besotes che

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  2. se ha borrado mi comentario!!!

    te decía que seguro que muy guapa.
    Mi teoría es que cuando las mujeres nos casamos, nos cortamos el pelo (oh, sí, pasé por ahí), pero a estas alturas de la vida, ni idea de lo que puede significar.
    Cuando lo descrubras, avisa, por favor

    un beso

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