domingo, 9 de junio de 2013

La peluquería

Ir a la peluquería. Esa costumbre de hombres y mujeres, niños y niñas que se complica a lo largo de la vida. Cuando eres pequeña, puede que tengas la suerte o la desgracia de que tu madre considere que tiene el pulso y la destreza suficientes para arreglar cada cierto tiempo tus lindos mechones. Si no has tenido esa suerte o desgracia es que conoces bien las peluquerías desde la más tierna infancia. Yo las conozco de toda la vida, aunque mis primeros recuerdos empiezan a eso de los 4 o 5 años. La madre que me parió, en combinación con mi padre, me dotaron de una buena mata de pelo, con dos remolinos- boina en lo que viene siendo el cráneo por la parte de arriba. Es decir, un terreno complicado para el arte de la coiffure. Y si a esa circunstancia añadimos mi tendencia a la indecisión, a no tener las cosas claras, pues la visita al salón de belleza se convierte en un agobio.

Cuando era pequeña mi madre pedía a las peluqueras que me cortaran el pelo cortito. Sí, a lo chico. Que es que no había quien me peinara, que si así estaba tan guapa, que si mejor para que no vinieran los piojos… excusas maternas que no me ayudaban a construir una autoestima en condiciones. Si encima me ponía pantalones es que yo no quería salir de casa a mis 6 años. Ahora veo las fotos y la verdad es que estaba para comerme de reguapa.

Fueron pasando los años y la comunión fue mi tabla de salvación para conseguir el objetivo de (casi) todas las niñas: llevar melena, el pelo largo. Después de aquel 8 de mayo de 1981 nunca volví a llevar el pelo corto. Arriba o abajo, siempre he lucido una media melena negra racial. Un pelazo. Pero también tengo un pasado que deseo ocultar y del que afortunadamente quedan pocos documentos gráficos. A los 14 o 15 años me hice un moldeado. Osea, una permanente. Un horror. Menos más que el pelo crece y los efectos del líquido rizante desaparecieron y nunca más se supo de ellos.

A partir de ese capítulo lamentable, mis visitas a la peluquería han sido espaciadas y satisfactorias. Cortar puntas, escalonar un poco, el día de la boda con su pruebas previas, alguna cita de belleza integral posterior para enlaces de amigas… y llegaron los 38 tacos y empecé a teñirme el pelo. Yo me resistía. Jamás había tocado mi pelazo un solo producto químico. Empezaron los baños de color y ahora ya no hay salida. Me tengo que teñir el pelo cada mes sin falta. Tinte de mi color morenaza y punto. Me he mantenido fiel a mi color de pelo y he resistido las tentaciones a las que me someten las profesionales del ramo para hacerme mechas porque el pelo claro hace más joven. Y un huevo de pato. Tengo una tía francesa que no entiende por qué razón las españolas de jóvenes son moguenas y de mayores son gubias. Yo tampoco.   

El caso es que últimamente experiencias peluqueriles incluyen a lasmías. Ellas son afortunadas porque que su madre no tiene ni pulso ni destreza. Ir a la peluquería con niños es agotador. Como casi todas las cosas que impliquen acudir con niños a sitios en general y comercios en particular: supermercados, grandes almacenes, tiendas de chinos... Pero debo ser justa y reconocer que, cuando vamos a la pelu, se portan bien. Concepto denostado por profetas de la CN, pero que... para qué nos vamos a engañar... todo el mundo entiende. 

Ladesiete no es muy partidaria de cortarse el pelo, le encantaría llevarlo muy largo pero yo le he dicho que cuando sea capaz de lavárselo, secárselo y desenredárselo ella, lo puede llevar como Rapunzel si le place. El otro día consintió y se lo cortó, pero a punto estuvo de montarme una  escenita.  Ladecinco es espíritu de contradicción, una sobrada y está extrañamente interesada en las cosas de la moda, el estilo y el fashionismo... es todo muy extraño... no es lo típico de no me pongas pantalón o falda o no me quiero peinar así... es que con 5 años recién cumplidos le prepara los conjuntos muy acertadamente a su hermana, combina piezas de ropa... no sé, como siempre, me desconcierta. Y ese día llegó a la peluquería con una idea meridianamente clara sobre cómo se quería cortar el pelo.

- Lo quiero como mi àvia.

Su abuela lleva el pelo a lo Annie Lennox. Cortito, cortito. La convencimos de que por su mata de pelo (y sus orejas de soplillo) no le iba a quedar muy bien y consintió en hacerse un corte bob muy chulo. Y se siente muy molona, moderna y trendy.

Los agobios peluqueriles infantiles se producen cuando repites por enésima vez aquello de estate quieta que ya acabamos. O cuando Ladecinco decide barrer con el pie la peluquería. Y especialmente cuando la peluquera procede a  separar mechones como paso previo al corte y te das cuenta de que algo ha llamado la atención... ¿una liendre, un piojo, arena del patio del cole? Empiezas a hacer fuerza interior para no pasar el agobio y la vergüenza de la pediculosis en público. 

Bueno, pues todo este extenso aunque incompleto repaso a las cosas de los pelos y las peluquerías viene a cuento de que el martes tengo hora a las 10 o'clock. Por enésima vez me enfrento a mis contradicciones y a mis dudas eternas. Es que yo quiero dejar atrás esta media melena. La afición me lo pide. Mi madre, N, Inés de vestuario... es un clamor. Elmío ya está hasta el moño y me ha dicho que haga lo que me dé la gana y mi padre, el hombre, dice que a él le gustan las mujeres con el pelo largo. No lo tengo claro. Pero creo que esta vez sí. Creo que esta vez mi visita a la peluquería va a marcar un antes y un después. Será un rato de agobio en propia piel y pelo. Ver cómo caen mis mechones al suelo, constatar que la percepción de las medidas no es igual para peluqueras que para comunes mortales... ¿qué son dos dedos? Siempre parece más de lo que imaginabas. En fin, que no lo hago más largo. El martes tengo peluquería.

8 comentarios:

  1. Je, je, je. Cómo lo entiendo todo. Yo tengo dos remolinos -sí complican el tema-, el pelo ex-negro, ahora negro y blanco teñido de mogueno, fosco hasta que se agota la imagen que da la palabra y con un rizo crespo que hace honores al anuncio ese del acondicionador en que me comparan con una oveja.
    Con todo esto, entiendo muy bien eso de querer aguantar la melena todo lo que puedas porque de niña te lo cortaban (ídem, pero con una hermanita que iba como una princesita con sus pelos zedozos y ondulados, a mi me tocó el pelo difícil...), pero el pelo corto es mucho más cómodo, sobre todo con niños y trabajo, puede quedar muy bien, muy bien, le da vida a los pendientes y en verano, la mejor época para decidirse. Yo lo llevo corto desde hace mucho.
    Consejo, o te orienta una buena estilista o lleva una idea clara de cómo quieres que te lo corten, si no quieres salir de la pelu con el corte estándar del año, que es algo que pasa mucho.
    Y no te agobies por tu mayor, que no le gustará. Y a tu padre le gustas como estés, siempre serás su niña. Ya contarás :D.

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    1. Y te contaré... llevo en el móvil la foto de la mujer del señor Brody de Homeland... es que estoy afónica perdida y no me puedo comunicar. Ya veremos... Alea jacta est!
      ;-)

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  2. Ay madre!. Qué miedo!.
    Yo tengo el pelo "sastamente" igual que el tuyo (media melena y negro).
    No me veo yo con el pelo corto a los 40.....
    Ya nos contarás....

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    1. Pelo corto a los 40!? No me digas eso... que me ha rondado por la cabeza la posibilidad de que me hiciera mayor... no!! ha quedado muy bien. Es un rollo la mujer de Brody, pero con 15 kilos más encima.

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  3. Busca un pelo que te guste en una revista, recorta la foto y con ella a la peluquería. Tengo el pelo corto, corto desde que tuve uso de razón y después de pelear toda mi infancia con los tirones y los chicles pegados en la super melena rubia que me hacía portar mi madre.

    Llevo con el pelo corto desde hace unos veinte años y en cuanto me lo noto un poco largo, ¡ras! fuera pelo.

    Hazte una foto y nos la enseñas. Besitos y suerte.

    www.sobrevolandoloscuarenta.blogspot.com

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    1. Ya está. Hecho. Ahora le digo a Ladesiete que me haga una foto de cogote y cuando deje de tener pudor bloguero os enseño el resultado. Me mola. Y estoy muy feliz porque me he dado cuenta de que tengo un hermoso, largo y terso cuello!!
      Entre esto y que el otro día hice mis primeras croquetas (sí, con la tmx, bueno y sin)... tengo material para otro post delirante. Ahora falta encontrar un ratito... que voy yo sola por la calle riéndome y no es plan!
      Besos

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  4. Acabas de ganar un "Premio Liebster Award",espero que lo disfrutes. http://mujerdespuesdelos40.blogspot.com.es/2013/06/130613-nuevo-premio-liebster-award-para.html

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  5. jajajaja que tema la peluquería... a los 10 mi abu me hizo hacer la permanente y me quemaron el pelo... desde ese día no pude sacarme el frizze jajaja
    Le tengo como alergia a la peluquería y a veces me corto el flequillo sola, eso es lo más leve. Otras veces me achuré y tuve que correr a la pelu a que arreglen el lío...
    Qué tal te quedó el corte???

    Me hiciste reír y me sentí muy identificada con este monólogo personal!!!

    Besotes che

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