lunes, 17 de junio de 2013

Llorar

En la mayoría de las ocasiones llorar es desagradable. Se llora por dolor físico, por tristeza, por cansancio, por impotencia, por rabia. Los bebés lloran muchas horas durante el día. Y la noche. Bueno, berrean. Dicen que es su manera de comunicar lo que les pasa, lo que sienten. Cuando eres madre te inquieta el llanto del bebé. Incluso te hace llorar a ti cuando ya no sabes qué hacer para que se calme. Y lloras de cansancio, de susto, de puro agotamiento.

Los niños también lloran mucho. Porque les riñen o les castigan, porque su hermana les estira del pelo, porque se les rompe el castillo de arena que hacían en la playa. Porque un nene les ha pegado. Probablemente, en proporción, la infancia sea el periodo de la vida en el que más se llora. Es posible que entre los 3 y los 8 años se llore varias veces al día. Y la mayoría de las veces en público. Luego la cosa decae. Bueno, no me acuerdo, pero veo que lasmías cada vez lloran menos. Lo que se dice llorar/berrear. Con o sin lágrimas, me da igual. Cada vez lloran menos y se chotean más del mundo mundial.

En la cándida adolescencia se llora. No en cantidad pero sí en calidad. Porque si eres intensa como era yo, te agobias por el presente y por el futuro. Hay quien llora porque un chico no le hace caso o porque le hace caso y luego le rompe el corazón (o eso se cree ella). Y en esta etapa se llora mucho a escondidas. En la cama, con las luces apagadas cuando toda la familia duerme y empapando la almohada de lágrimas y mocos.

Luego ya te haces mayor. Y vienen llantos chungos. El peor, sin duda, por la muerte de un ser querido. Antes de que se muriera mi abuelo, las muertes más cercanas fueron las de amigos de mis padres. En los funerales siempre he llorado. Mucho. Cuando murió mi abuelo me pasé una semana llorando. Tenía la sensación de que nunca iba a parar de llorar, en semanas, en meses. Pero un buen día te das cuenta de que ya no lloras. Y piensas que llorarás en navidad cuando pienses que no está y resulta que tampoco lloras aunque se te pone el nudo en la garganta y no quieres mirar a nadie ni pensar en ese recuerdo concreto que te va a hacer llorar. Llorar de tristeza por alguien que se ha muerto es una horrible. 

Ser mayor genera muchísimos momentos propicios al llanto. Un enfado puede desencadenar una buena llorera. Con tu marido. La rabieta de una hija te puede hacer explotar a lágrima viva. El trabajo te puede hacer llorar mucho. Mi trabajo me está haciendo llorar mucho últimamente. Desde hace tres meses, centenares (sí, sí) de compañeros se van al paro. Las despedidas son asquerosas. No quieres llorar porque tú te quedas y él o ella se van. Pero no lo puedes evitar porque te ha invadido la rabia y la pena. Mala combinación.

Y luego resulta que cuando eres mayor también se produce un fenómeno extraño relacionado con el llanto: hay veces que quieres llorar y no puedes. Podría ser porque estás mal por algo, te encabronas y quieres desahogarte, pero como siempre te han dicho aquello de que 'siempre hay alguien peor que tú' pues te frenas. Autocensuras tus ganas de llorar. A veces ocurre y no puedes entender por qué. Estás para el arrastre física y mentalmente, te sientes una piltrafa con patas y el mundo se te cae encima, pero no hay manera de que la garganta y su nudo empiecen a dar señales de la proximidad del sollozo... esos labios que se aprietan en una mueca de pena, esas lágrimas que empiezan a asomar y que llenan tu ojos a borbotones, ese moqueo...

A veces quieres y no puedes. Si de verdad quieres hay una manera infalible. Ver una película de llorar. Hay muchísimas, pero yo últimamente evito las de enfermedades (p.e. Magnolias de acero, La fuerza del cariño...). Tampoco es que vaya yo mucho al cine, pero recuerdo haber llorado a lo bestia con Madres e hijas (si no la habéis visto, ya tardáis) y hace poco con Los Miserables. Desde que se muere Eponine no paré de llorar hasta el final.

Los puentes de Madison es la auténtica película de llorar. Lo de Robert y Francesca es demasiado. Hay quien dice que es un pastelón de película. Yo no lo creo. De hecho pienso que hay algunos diálogos dignos de análisis profundo. Como cuando Meryl/Francesca habla de su condición de mujer-esposa-madre y de cómo esa condición terminó con un tipo de vida para acabar en otra. O cuando le dice a Clint/Robert que, ojito, que no se haga el chulito, que 'solo porque no haya visto una desbandada de gacelas no significa que me pase la vida dormida'. Pero bueno... esto sería para otro post de frikismo madisoniano.

Los puentes de Madison tiene las condiciones perfectas para provocarte el llanto. Condiciones que Clint dosifica a la perfección y que en mi caso se desatan en esta escena. Aquí es cuando empiezo yo a gimotear, a hipar. Justo aquí es cuando me encuentro tan sumamente triste que tengo que coger un kleenex y empezar a sonarme. Y se me ponen los ojos hichados y pequeños, así, achinados, porque yo los cerraría para sumergirme en mi tristeza infinita, pero es que quiero ver la película y escucharlos a los dos a pesar del ruido que hago al sonarme.

Y queda poco para que se acabe la peli y ya sé que faltan momentazos como cuando Francesca abre la caja de Robert y descubre el libro de fotografía y ve la dedicatoria 'For F.'... venga a llorar, el de los hijos lanzando las cenizas de Francesca al puente Roseman... venga a sonarme, cuando la hija se pone el vestido y llama al marido por teléfono... Pero entonces llega esta secuencia.





Esto ya es el acabose. El llanto placentero elevado a la máxima potencia. Porque Meryl llora de verdad. Y Francesca tiene muchas más razones para llorar que yo y mira la pobre como disimula... y ahí estoy yo, toda congestionada del sollozo monumental que llevo encima esperando a que acabe la película para ir a mirarme al espejo, confirmar la mala cara que hago, suspirar y decir, ay qué bien me he quedado.

8 comentarios:

  1. Mi hermana se duerme todos los dias con esta peli. Yo hacia esa especie de "abrir el grifo" con pelis y libros, pero todo es tan dramàtico en la realidad, que ya no soy capaz. Me alegro de que estès de vuelta!

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    1. ¿se duerme con Los puentes de Madison? Qué tía! Más frikie que yo.
      Es que se trata de eso, de abrir el grifo cuando las putadas de la vida real te cabrean tanto que no te sale llorar.

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  2. Yo fui una niña que lloraba poco, pero se convirtió en una adulta a la que se pone el nudo en la garganta fácilmente, aunque sigo sin llorar mucho.
    de rikis hablais, la friki debo ser yo que no he visto ni una de todas estas pelis, ay, madre. Pero blade runner la habré visto como veinte veces y sumando. Bueno, como ahora estoy en paro -temporalmente- a ver si me atrevo por una vez por ver una de peli...de soltar la lagrimita.
    Siento la tensión laboral en la que estais. Muchas fuerzas.
    Me gusta mucho como escribes. Aunque ya no puedas sacudir la melena ;D.

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    1. Gracias por las fuerzas! Hacen falta.
      Creo que el corte de melena me ha restado fuerzas! No llego a escribir todo lo que se me pasa por la cabeza. En plan Sansona bloguera!

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  3. ¡Qué cierto! ¡Qué buen post! Esa escena es en la misma que yo estoy como una magdalena. Me encantan las pelis de llorar. Y también las canciones, que las hay. Me quedo como nueva.
    La peli de Madres e Hijas no la he visto. Asi que, ¡me pongo manos a la obra! Besos.

    www.sobrevolandoloscuarenta.blogspot.com

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    1. Madres e hijas es muy chula, pero muuuuy de llorar. Es de Rodrigo Garcia, hijo de García Márquez. Cosas que diría con solo mirarla también es suya mola y creo recordar que se lloraba un poco.
      Llorera higiénica de vez en cuando!

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  4. "la vida es bella". Me la sé de memorieta. Lo curioso es que ponerla y echarme a llorar es todo uno. Me emociona desde el minuto cero. Cuando quiero ser mejor persona la veo. Es infalible.

    Por cierto, también se puede de llorar de alegría.
    Un secreto, cuando quiero dar carpetazo y olvidarme de las cosas chungas que me pasan, me reúno con mis amigas y frente a un par de copas de cacique-cola terminamos llorando de risa. Al final, todo te parece menos duro y más fácil de sobrellevar.

    UN BESO GUAPA.

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    1. Sí!!! Me faltó llorar de alegría pero pensé que merecía un post individual. Llorar de risa y, con perdón, mearse de la risa es una necesidad vital!
      Besos!

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