martes, 8 de octubre de 2013

Lecturas conectadas, libros amontonados

Tenía muchas ganas de escribir sobre libros. De escribir sobre por qué un libro me lleva a otro. De por qué uno me gusta y otro no tanto. Tenía ganas de hacer este ejercicio de lectura atenta, de reflexión. Anotar frases en una libreta, no sólo subrayarlas y dejarlas ahí en el libro, desatendidas. Saborear cada capítulo y no leer tan rápido como si el objetivo único fuera acabar el libro. Uno más a la estantería. Uno más fuera de la carpeta 'Leyendo' del Kindle. Leo muy rápido porque disfruto leyendo, porque leyendo rápido me olvido de las cosas, ignoro la vida como dice Pessoa. En este último año de asquerosidades laborales he leído mucho. Y cuanto peor se ponía la cosa, cuanto más se acercaba el día de los emails, conforme iban saliendo compañeros, cuantos más cambios se avecinaban, cuantas más horas estaba metida en el polígono sin número más necesitaba que todos en casa se durmieran para ponerme a leer. 

No sólo he leído para abstraerme. El verano ha ido muy bien. Lasmías ya nadan como sirenas y me dejan leer en mi silla en la piscina. Ya no me requieren tanto para jugar y pasan de mi por las tardes. Me siento en un banco y leo. Levantando los ojos a ratos para verlas. 

Este verano encontré un libro que un compañero de trabajo estuvo meses recomendándome. Lo buscó en su casa para dejármelo porque está descatalogado. No lo encontró y no me quedó más remedio que hacerme con él desde el ordenador. En fin...que me lo descargué de manera alegal. Espero que John Huston allá donde esté no me lo tenga en cuenta. Y la editorial, pues caray, que os lo pedí por email y no recibí contestación.

A libro abierto. John Huston. 1980.

La recomendación no podía ser más acertada. No soy una gran cinéfila pero tengo un TOC con la literatura norteamericana. Desde que descubrí a John Irving. Hace ya más 20 años leí todo lo que tenía escrito Irving en esa época y a partir de ahí empecé a tirar del hilo de eso que llaman la gran novela americana. Recordé mis clases de English literature durante mi senior year y así, entre unas cosas y otras, llevo años sin leer nada que no venga de allá. Probablemente me esté perdiendo algo, pero quién sabe si dentro de 20 años me da por otra cosa. 

Mi compañero sabía que este libro me iba a entusiasmar. Y acertó de pleno porque me lo pasé pipa leyéndolo. Huston terminó de escribir esta autobiografía 7 años antes de morir. Es su vida real y peliculera, habla de sus padres, de sus mujeres, sus películas, sus amigos, sus aficiones, sus casas, las interioridades de los rodajes... olvídense del cine actual y sus efectos especiales y disfruten con los capítulos dedicados a la filmación de 'Moby Dick', a las penosidades del rodaje de 'La reina de África' o las odiseas diplomáticas de la grabación de 'El hombre que pudo reinar'. Su manera de entender el cine, el arte y la literatura. Hay cientos de anécdotas, un capítulo que es una clase de cine que ya me gustaría que me hubieran recomendado leer en clase de televisión en la carrera, hay muchas muchas juergas, incluso con chimpancés borrachos, carreras de caballos, caza, matrimonios varios... una vida de película. 

Charles Chaplin le cuidó en una habitación de hotel de Los Ángeles cuando Huston estaba malito, el pobre, con 8 años. 'Representó a un domador de pulgas invisibles haciendo una función. Hizo un número de marionetas con un pañuelo plegado. La pregunté cómo podían hacer para que todo fuera despacio en las películas y me explicó los principios de la cámara lenta'

Destaco los capítulos dedicados a la caza de brujas y su experiencia en la II Guerra Mundial, pero ha sido especialmente flipante ir pasando páginas e ir encontrando a muchos escritores. A Ray Bradbury en el guión de 'Moby Dick'. A John Steinbeck disfrazado de Papá Noel en la casa de St. Clerans. A Truman Capote en Roma para escribir el guión de una película llamada 'La burla del diablo'. A Hemingway, a Arthur Miller, a Sartre que se las hizo pasar canutas con otro guión, el de una película sobre Freud. Tennessee Williams, a Carson McCullers ('Carson era adorable y valiente como sólo una gran dama puede ser valiente. Estaba llena de excitación, la excitación de un niño inocente que quiere tocarlo todo'), Kipling... Por no hablar de los actores y actrices (los artistas, que diría mi abuela) más míticos de todos los tiempos. 

Muy recomendable para quien le guste el cine y la literatura, no en ese orden obligatoriamente. Y como unas cosas llevan a otras, cuando acabé con Huston seguí con una amiga suya. 

Reflejos en un ojo dorado.


Carson McCullers es una escritora norteamericana, exponente dicen de esa corriente llamada gótico sureño. Una mujer frágil, enfermiza, pero entusiasta y valiente como cuenta Huston. Carson, medio paralizada y muy enferma, viajó en avión desde los EEUU a Irlanda para pasar unas semanas en casa de los Huston. Un viaje duro y una visita de la que salió el proyecto de una película sobre uno de sus libros. 

'Reflejos en un ojo dorado' cuenta la agobiante vida de un matrimonio desavenido formado por el capitán Penderton y su esposa Leonora. Él da clases en la academia militar del cuartel en el que viven. Un lugar pequeño, un círculo cerrado donde todos se conocen y se escudriñan. Él tiene un serio problema de identidad sexual ('Sexualmente, el capitán se hallaba en un punto de delicado equilibrio entre los elementos masculinos y femeninos, con las susceptibilidades de los dos sexos y ninguna de sus fuerzas activas'). Y claro, allí rodeado de reclutas, uniformes y caballos, pues el hombre lo pasa fatal.

Su mujer es un poco zorrón y no es muy lista pero es valiente y se pone el mundo por montera ('Leonora Penderton no temía a los hombres, ni a los animales ni al diablo. A Dios no le había conocido nunca'). Se repasa a medio cuartel y en el momento que relata el libro tiene un tórrido romance con el comandante Langdon, que también le hace tilín al capitán. El comandante Langdon está casado con Alison, una pobre chica enfermiza, con una cornamenta importante, a la que acompaña a todas partes un criado filipino muy fino. Y para acabar de completar este elenco de personajes desdichados, entra en escena el soldado Williams, al que no oímos hablar en todo el libro. Un joven soldado que se ocupa de la cuadra donde están los caballos que montan los Penderton. El capitán está loquito por él pero el soldado está más interesado en mirar a Leonora desde el jardín, a través de la ventana de la habitación de la mujer del capitán que tiene afición a pasearse en bolas por casa, para disgusto de su marido y disfrute de quien pase por allí fuera. El soldado Williams lleva a hasta el límite su afición de voyeur y la cosa acaba fatal. 

Me ha gustado el libro. Me han gustado esos personajes patéticos, reprimidos e irreales. Tendré que ver la película porque a Leonora sí que me la imagino con la cara de Elizabeth Taylor.

La balada del café triste


Si el capitán, su mujer, el soldado y el comandante y su señora son personajes patéticos y reprimidos e irreales, las criaturas de Carson McCullers para este libro son esperpénticas y desconcertantes. Casi desquiciantes.. La dueña de un café, miss Amelia, una tía dura y solitaria que se casó con un tipo al que echó de casa a los 10 días de una boda que nadie en el pueblo entendió. Le salió rana y volvió transfigurado en peligroso ex presidiario. Un jorobado malo, perverso y manipulador que dice que es su primo Lymon y que la tiene inexplicablemente enamorada y completamente abducida. A ella que 'era una mujer solitaria, no era de esas personas que comen los domingos rodeados de parientes, ni ella sentía la menor necesidad de buscarlos'

Miss Amelia tiene un triste café al que acuden los sábados por la noche los habitantes tristes de un pueblo triste. Allí, 'por lo menos durante unas horas, podía uno olvidar aquel sentimiento hondo y amargo de no valer para gran cosa en este mundo'Miss Amelia mola aunque no sea demasiado simpática. Es autosuficiente, resolutiva, sabe hacer un montón de cosas que le garantizan la supervivencia. Es independiente económicamente y siempre se ha sacado las castañas del fuego. Pero al final, es débil, joder, y se da de bruces con dos malasombras que le amargan la vida por separado y en estrecha colaboración. Porque la soledad es muy chunga. Porque 'cuando se ha vivido alguna vez con otra persona, es un tomento tener que vivir solos... Es preferible caer en manos de nuestro peor enemigo que enfrentarnos con el terror de vivir a solas'. No digo yo que no.

Me ha gustado este café, aunque me dé rabia que al final un amor tóxico (o dos) conviertan a miss Amelia en un guiñapo. 

El año del pensamiento mágico


La conexión entre este libro y el anterior es imposible. Sólo les une el hecho de tener por autoras a dos mujeres norteamericanas. Punto. Llegué a él a través de Molinos y hace meses que me esperaba en una colección del Kindle. Fui aplazando el momento de leerlo y me frenaba el hecho de que el tema principal es la muerte de un ser querido. Leí la reseña de Moli y de alguna otra bloguera y pensaba que no iba a a ser capaz de leerlo. Mis experiencias con la muerte de seres queridos, afortunadamente y de momento, son pocas. Mi abuelo murió a los 84 años, hace cinco años y medio después de unos cuantos meses penosos. Mi suegro murió hace casi dos años. De repente, mientras dormía. He ido a los entierros de los padres de varias amigas íntimas, de algún tío... Desde esa posición, desde la más próxima de mi abuelo o mi suegro o más o menos distante, por el poder de la empatía o por sentirlo muy adentro, ver morir, despedir, dejar de ver a un ser querido me parece una putada. Una gran putada. Como reflexión esto que acabo de decir es de una profundidad insondable, sí señor... pasará a los anales de las figuras retóricas, pero es así.

Joan Didion cuenta la muerte de su marido días después de que su hija cayera gravemente enferma. Es rizar el rizo de la tragedia. Pocas cosas peores que la enfermedad grave de un hijo. Una situación horrible a la que se suma la muerte repentina del marido. 

'La vida cambia rápido.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar; y la vida que conoces se acaba'

Y desde ese momento fulminante, desde la bofetada del destino, Joan Didion reflexiona, piensa, llora, sufre y recuerda. Cómo pasó, cuándo, qué pudo haber hecho... ¿pudo haber hecho algo? ¿Pudo haber intervenido en el curso de los acontecimientos? ¿Podía volver él? ¿Podría ser la vida cómo antes? No. Con esas preguntas se sumió en el año del pensamiento mágico. El pensamiento mágico es una obsesión, un deseo, la fe, la voluntad, la fuerza, en este caso para que quien se ha ido vuelva. Y no va a volver y el que piensa el pensamiento mágico lo sabe de sobra. Joan Didion cuenta todas las fases que fue superando. O simplemente pasando. El desconsuelo, el dolor, el duelo.


'El desconsuelo llega en oleadas, en acometidas, en repentinos arrebatos que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y borran la cotidianeidad'. 


'El dolor por la pérdida nos resulta un lugar desconocido hasta que llegamos a él. Anticipamos (lo sabemos) que alguien cercano a nosotros puede morir, pero no imaginamos más allá de los días o semanas inmediatamente posteriores a esa muerte imaginada'.

El libro es duro, pero no es triste. Mis temores iniciales eran infundados.Yo pensaba que iba a llorar, que iba a leer en libro con un nudo constante en la garganta. Para nada. Didion retrata un pozo sin fondo, dibuja con todos los colores un dolor inmenso, explica las fases del peor trance al que nos enfrentamos en la vida. Lo razona todo. Lo contextualiza todo. Lo argumenta todo.


'Somos imperfectos mortales, conscientes de nuestra mortalidad aun cuando tratemos de eludirla, vencidos ante nuestra propia complejidad, tan acorralados que cuando nos dolemos por lo que hemos perdido, también nos dolemos, para bien o para mal, por nosotros mismos. Por lo que un día fuimos. Por lo que ya no somos. Por la nada absoluta que un día seremos'.

Sí, así es, en el libro hay más frases subrayadas que sin subrayar.

El autobús perdido

Otra conexión estrafalaria de un libro a otro. En este caso el nexo de unión es la recomendación. Éste también me lo recomendó Molinos. Comparto su adoración por Steinbeck. En mi caso ya lo tengo de fondo de armario y cuando no sé que leer visito su carpeta del kindle. Steinbeck es 'cine en la cabeza'. Eso dicen mis hijas que es la imaginación, como tener 'cine en la cabeza'. Imaginación porque me resulta muy fácil representar sus personajes. Tan reales. Tan malditos. Tan entrañables. 

Alice y Juan Chicoy son un matrimonio acabado. Ella, alcohólica. Él esta harto de ella pero es incapaz de dejarla ('Pero además había otro motivo. Y era que le amaba. Lo sabía. Y uno no puede dejar una cosa de ésas. Es como una estructura peculiar a la que no se puede abandonar sin dejar enganchada en ella una pieza de su propia alma. Así, para seguir entero, hay que continuar en su sitio por mucho que a uno le disguste'.) Y aunque está a punto de hacerlo, no la deja, no sabe por qué, sólo la virgen de Guadalupe sabe por qué.

La acción transcurre durante el accidentado viaje del autobús de Juan, el Sweetheart, entre dos pueblecitos de California. Juan es el chófer y las lluvias, un puente y un río ('Es un río inestable y maligno: muerto durante una parte del año y mortífero la otra parte') van a complicar el viaje. Un viaje que podría cambiar su vida. Un viaje que reúne a 10 personajes flipantes, perdidos y atrapados en un autobús y en sus propias vidas.

Steinbeck puro y duro. Genial. 


Esto es lo que ha dado de sí mi frenesí lector de los últimos dos meses. Ahora mismo estoy a punto de acabar 'El corazón es un cazador solitario' de Carson McCullers. Me lo dejé después de 'La balada...' porque empecé a leer unos cuentos suyos y me saturé de Carson. Además, los cuentos no son lo mío. Me dejan a medias. Interruptus. Cuando acabe creo que empezaré con James Salter. No lo tengo claro...

Ah, y si alguien ha llegado al final y ya en la segunda reseña ha pensado que esto es un plagio de los libros encadenados de Moli, puntualizo... no es copia... es estilo. Actually, mis primeras lecturas conectadas van dedicadas a ella por ser una fuente abundante de buenas recomendaciones. Chimpón.

4 comentarios:

  1. Eyyyy...yo he llegado al final y me he encontrado la dedicatoria. ¡¡que ilusión! Esta claro que tengo que leer el de Houston.

    El año del pensamiento mágico es una pasada, una pasada de libro. Y el autobús perdido a mi me fascinó también. De Carson he leído varios pero hace muchísimos años.

    Besos y gracias por la dedicatoria.

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  2. en cuanto tenga un minuto, leo detalladamente el psot y elijo uno de ellos para mi mesilla de esta noche.......

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    1. Ya me contarás qué eliges y qué te parece.

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