domingo, 13 de octubre de 2013

Niñas

Una niña, según Ladesiete
Tengo dos niñas. Tienen 7 y 5 años. Como cualquier madre, pienso en su futuro y en cómo serán cuando sean adultas. Me preocupo por su educación y me ocupo de que tengan la ropa limpia, los trastos del cole preparados, de que coman bien, de que duerman a pierna suelta, de que sean felices. Lo normal. Como madre-coñazo, me preocupan otras cosas. Me preocupa preocuparme por el hecho de que son niñas que se convertirán en chicas para ser mujeres. Y ese trayecto lo veo plagado de movidas que no me gustan.

Podría decir a mis 41 años que dejé de ser una niña, técnicamente cuando me vino la regla. A los 12 años. Hasta cruzar esa frontera biológica creo recordar que yo me sentía una niña, hacía cosas de niña, me trataban como a una niña y todo mi universo lo formaban cosas de niñas. Llámense barriguitas o series de dibujos animados o rodillas llenas de mercromina. En esos meses críticos en que no paraba de oír a mujeres de la familia o del edificio donde vivía aquello de 'esta niña esta muy desarrollada', yo me rebelaba ante los cambios de mi cuerpo y me resistía, con camisas XL y camisetas interiores ajustadas, a reconocer lo evidente. Que estaba dejando de ser una niña y que me estaban saliendo las tetas. Y pelos. Sí. No tenía escapatoria.

Sería un complejo de Peter Pan o que me tocó ser así. O no. En el cole de lasmías o por donde vaya, veo a minipersonas que deben ser todavía técnicamente niñas, que están a punto de cruzar la frontera o que la acaban de traspasar y no tengo la sensación de ver a alguien agobiado con su nuevo estado. Los agobios son malos, pero aquí nos encontramos ante el caso diametralmente opuesto. Las veo deseosas de dejar de ser niñas. Yo no quería ponerme un sujetador y ellas quieren que se vea que lo llevan.  

No querría ponerme nostálgica de la EGB y acabar concluyendo que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ya digo que como madre-coñazo me preocupan estas evidencias y me provocan intolerancia algunos de los estímulos externos que tienen hoy las niñas. No me molan las series que tienen a su alcance. Y cuando digo a su alcance no me refiero a que yo se las ponga (soy un ogro y no les dejo ver mucho la tele), me refiero al hecho de que no puedo poner barreras a sus interacciones en clase, en el patio, en clase de tenis o en la piscina. Por mucho que a mi me den agonía las series de chicas de color lila, que sólo piensan en decidirse entre un novio y otro o en vestirse como modelos, sé que poco puedo hacer ante el boca a boca. Yo que me quejaba de las princesas de Disney..... 

Y ya como madre-coñazo medalla de oro me agobian cosas como que en el siglo XX, según este estudio, un tercio de las chicas andaluzas considere normal que el varón domine la pareja. ¿Qué pasa para que una chica de 14 años piense así? ¿Qué pasa para que tengamos que ver noticias sobre casos de violencia de género entre menores? ¿Qué le pasa por la cabeza a una chica para liarse con un tipo que le hace daño? Es más, ¿qué narices hace una niña de 11, 12, 13 o 14 años con novio? Insisto, ¿qué coño ha pasado para que una foto fija como esa encuesta o ésta enseñen una imagen tan asquerosa?

¿Tener niñas es más complicado que tener niños? ¿O lo es para un tipo concreto de madre?


'Quiere que sus hijas tengan una vida antigua y una vida nueva, una vida indivisible de todas las vidas pretéritas, que emane de ellas, que las sobrepase, y otra vida que sea original, pura, libre, que trascienda el prejuicio que nos protege, la costumbre que nos moldea. Quiere que conozcan tanto la santidad como la degradación, la primera sin ignorancia y la segunda sin humillación. Las está preparando para ese viaje. Es como si sólo dispusiera de una hora y en esa hora tuviese que rellenar todas las alforjas, impartir todos los consejos. Anhela darles la sentencia que ellas recuerden siempre, que lo abarque todo, que les señale el camino, pero no la encuentra, no la reconoce. Sabe que es más valiosa que cualquier otra cosa que puedan poseer, pero él no la tiene'. 
'Años luz', James Salter.

'El prejuicio que nos protege, la costumbre que nos moldea'. Ahí le ha dado Salter, bueno, Viri, el padre de Franca y Danny, que tienen 9 y 7 como tendrán lasmías dentro de dos años. Va a ser que igual me tengo que relajar y no ver detrás de la niña lila de Disney a una futura mujer sumisa y superficial. Ni ver detrás de las ganas que tienen lasmías de que les pinte un día las uñas de rojo, un gesto de cursilismo insoportable que me haga visionar a dos adolescentes pavas, lánguidas y ennoviadas. El prejuicio me protege del vértigo de verlas crecer tan rápido. La costumbre me gustaría que las moldeara pero tendrán que tener su vida, 'una vida indivisible de todas las vidas pretéritas'. Así es y así debe ser, pero no soporto a Violetta. 



2 comentarios:

  1. ¡Cómo te entiendo! Yo estoy en pleno pavo de la mayor que tiene once años y está a punto de caramelo. Bastante alta y desarrollada para su edad y siempre viendo a las "pedorras" de Disney Channel que me superan... Yo no le prohibo verlas pero me paso el día criticándolas para que sepa que no me gustan nada de nada. Bueno, ánimo y a por el pavo!

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  2. Ufff, te entiendo, mi mayor tiene 10 años y uffffff... No te digo ná y te lo digo tó...
    Un beso

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