viernes, 1 de noviembre de 2013

Castigada

'Estás castigado hasta el fin del mundo o
hasta que yo lo diga, lo que llegue primero' 

El pasado domingo se consumó la operación escarmiento. Tarde o temprano tenía que llegar. Hasta el momento, todo han sido amenazas, cuentas atrás, advertencias, viajes al rincón de pensar, puntos rojos, tablas de comportamiento, castigos interruptus.... Se acabó. Ladecinco sigue en sus trece de sacarnos de nuestras casillas. Cuando digo que es muy mala, es que es muy mala y sé que no me lo tendrá en cuenta cuando sea mayor... a no ser que crezca para convertirse en una madre fundamentalista el día de mañana... porque su objetivo vital es ese: llevarme la contraria, chotearse de mi y hacer que me salgan arrugas en el entrecejo.

El fin de semana pasado Ladecinco desplegó todos sus conocimientos teórico-prácticos sobre rabietas y maldades. Salió de clase el viernes con una cara triste en el dorso de la mano del tamaño de Wisconsin. El sábado en clase de tenis, se dedicó a lanzar las bolas a la cancha vecina con todas sus fuerzas y a emular a Angus Young con la raqueta, pasando olímpicamente del profesor. A la hora de comer usó la cuchara de catapulta y a lo largo de todo el fin de semana se choteó constantemente de su padre y de mi cuando la reñíamos y tuvo tiempo para hacer de niña-mopa con unas cuentas rabietas. Niña-mopa, dícese de la niña encabronada que se tumba sobre su espalda mientras berrea por una rabieta. ¿Consecuencias directas? Cero minutos de tele el sábado y a dormir sin cuento. 

Amaneció el domingo con una luz especial, con un ánimo relajado después de un descanso profundo gracias al cambio de hora, pero no tardamos mucho en darnos cuenta de que Ladecinco es como es en todas las estaciones del año. No le afectan los cambios externos, es inasequible al desaliento y se dedicó a dar por saco con el nuevo horario de invierno a lo largo del día. Los deberes del fin de semana consistían en escribir palabras con e, dibujar y colorear. Cuando sólo le quedaba por pintar un pie y una nevera se hartó y explotó. La enésima rabieta del fin de semana acabó en bronca y en una sentencia no apta para padres de los nervios ni propia de una niña de 5 años: 'no me parece justo que las cosas sólo se consigan portándose bien'. Semejante declaración de intenciones, acompañada del lanzamiento de la libreta de los deberes, provocó en mi una reacción inusitada. Ni un grito. Ni un aspaviento. Sólo una mirada fija y convencida. Y una réplica a su desafío: 'Estás castigada. Mañana no vas a la excursión'.

Cogí el teléfono, le envié un whatsapp a la seño Esther. Respondió el mensaje con un uufff y me llamó. 

- Esther, Ladecinco está castigada y mañana no irá a la excursión al parque de educación vial.

¡¡¡¡¡Mamá, noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!

Al otro lado del teléfono, la seño escuchaba atentamente mis explicaciones y conociendo como conoce el percal, se hizo una idea de mi nivel de hartazgo.

- ¿Estás convencida?
- Sí.
- Pues no hay marcha atrás. Mañana que venga con babero y se quedará en la clase de 3 años.

No hay onomatopeya, emoticono o grafía capaz de reproducir la reacción de Ladecinco. Sólo diré que me dejó el mármol del salón brillante de tanto hacer la mopa con su espalda. No paró de intentar que cambiara de opinión. Perdón, lo siento, no lo volveré a hacer, mamá te quiero, por favor piénsatelo.... Hasta que me dijo: ¿por qué no me castigas con algo que no me fastidie tanto?. Yo me mantuve impertérrita, serena y segura y le dije: 'A comer'.

Y así fue acabando el domingo y llegó el lunes y mi pequeña vástaga se despertó feliz y mimosa como cada mañana. Hasta que se dio cuenta de que era lunes y de que había llegado el día del cumplimiento de su sentencia. Hubo amago de pollo, sí, pero la pena y la vergüenza podían con ella. Cuando vio el babero colgado en la puerta lloró humilladísima ante la visión de su jornada escolar: sus compañeros de clase cogiendo un autobús para irse de excursión y ella en la clase de los cagones de 3 años. Dejé a su padre encargado de la ejecución de la sentencia, es decir, de llevarla al cole con ese ánimo. Yo ya me tragué la redacción, fundamentación y comunicación de la pena. 

En la puerta de la clase hubo drama. La seño Ester intercedió y consintió que Ladecinco entrara en clase sin babero. Elmío la dejó allí con el corazón encogido mientras yo arrancaba en el trabajo una jornada complicada, entre otras razones, también porque a pesar de ser una madre desnaturalizada, una tiene empatía y es capaz de ponerse en la piel de su hija de 5 años. Compartí mis sentimientos con algunas compañeras. Unas me reconocían que en alguna vez se habían sentido tentadas de hacer algo así, otras me decían que caray, sí que debe ser tremenda Ladecinco. Otra decían que a veces hay que hacer cosas así y una me miró fijamente, levantó las cejas y me dijo: 'tú sabes que eso se le va a grabar en el cerebro para toda la vida'. Yo contesté con un rictus de resignación y con un leve movimiento de hombros mientras pensaba 'mira, chata, esa es la idea'

Pasó el día. Llegaron las 16:30 y allí estaba yo en la puerta de clase esperando para recoger a mi pequeña condenada. Tuve que contar la película a unas cuantas mamás que se compadecían de Ladecinco. Salió por la puerta con paso firme. Muy digna.

- ¿Qué tal ha ido el día, chiquitina?
- Bien.
- ¿Qué me cuentas?
- Que he pasado lista a todas las clases de 3.
- ¡Qué bien! ¿Y qué más has hecho?

Fui cuidando mucho mis palabras mientras charlábamos en el coche. Soy una bruja, pero sé que después del castigo no hace falta hurgar en la herida.

- Pues mira mamá... menos mal que me he quedado en el cole. Las seños de 3 años tienen mucho trabajo. He enviado a Paula el rincón de pensar. 
- ¿Y eso?
- Porque no entiende que hay que portarse bien. 
- ¿Y se lo has explicado?
- No. Es mejor castigarla y que aprenda la lección.
- ¿Y tú has aprendido alguna lección hoy?
- Claro. Que cuando haya excursión no me portaré mal.

No sé nunca si no entiende nada o si lo entiende todo. Lo que sí que puedo decir casi una semana después es que se corta antes de explotar y que una mirada mía basta para frenar sus impulsos. No sé cuánto durará esto. Pero estoy llena de orgullo desnaturalizado y clamo a los cuatro vientos: madres del mundo, el castigo es bueno. La excursión costaba 14 euros que han ido a la basura, pero ha sido una buena inversión.




4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, pero... no me fío. Sigo alerta.

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  2. Debe ser que el año 2008, en el que doy por hecho nació la niña, estaba gafado y todos los de cinco son , ¡para echarlos de comer aparte! Reconozco que no tengo los ovarios suficientes para castigarles como tú lo hiciste pero entiendo, que de alguna manera hay que enseñarles. Por las buenas o por las malas. Besos.

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    1. Yo creo que en 2008 había una partida de ácido fólico en mal estado... cada vez lo tengo más claro. No sé si ha aprendido la lección, creo que más o menos.... el problema es que este alarde de madre desnaturalizada me ha puesto el listón muy alto para próximos castigos. Esperemos que no haga falta. Un beso!!

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