martes, 21 de enero de 2014

Lecturas conectadas, libros amontonados (2)

Sigo en negro, sin señal y de muy mala leche. Pero los libros no tienen la culpa. Y aún así, los tengo abandonados. Desde aquel infausto 29 de noviembre de 2013 en que 'el presidente arrancó el enchufe de la tele a lo bruto' en palabras de Ladecinco, mi ritmo lector pasa del frenetismo al aletargamiento entre un día y el siguiente. Así que este mes y medio, estos han sido mis compañeros de soledad, de mal humor y de insomnio. 

Años Luz. James Salter. 1975

A James Salter llegué después de leer un post de Antonio Muñoz Molina, que por casualidades de la vida y de twitter, se fue multiplicando hasta el infinito y más allá. No tiene más secreto que el hecho de que en mi TL haya mucha literatura y muchos lectores y una cosa te lleva a la otra por los insondables mecanismos de las redes sociales. Lo que dice AMM suele ir a misa, así que me puse a cotillear un poco en la vida de Salter. Su biografía y sus fotos me llamaron la atención. Casi como me pasó con E.L. Doctorow, al que descubrí en una entrevista. Leyendo sus respuestas y viendo su cara me dije: me gustará. Cosas mías. No suelo fallar.

Lo primero que he encontrado de Salter es 'Años Luz' y me aguardan en el kindle más cosas. 'Años luz' es un novela que cuenta la vida de una familia norteamericana en los años 70. Viri y Nedra Berland. És el arquitecto, ella ama de casa intensa. Tienen dos niñas, Franca de 9 y Danny de 7 al principio de la novela. Él -Viri- parece un buen tipo, ni brillante ni mediocre, sino todo lo contrario. Ella es una madre pluscuamperfecta, de las que no se enfada nunca con sus hijas, de las que cocina, hace galletas, cenas sofisticadas, tiene muchos amigos interesantes y va a hacer recados en su coche (tintorería, compras etc) como si levitara. Me cae un poco gorda, sí. Viri y Nedra se quieren mucho, pero como compañeros de piso y padres de dos criaturas. Un estado bastante habitual en muchos matrimonios. Mantienen las apariencias hasta el punto, como  no podía ser de otra manera, de tener cada uno su respectiva aventura. En el caso de él, una joven más intensa que su mujer. En el caso de ella, una amigo de la familia que cena con ellos en Nochebuena y que va rollo gurú del sexo. 


'Hay en realidad dos clases de vida. Hay, como dice Viri, la que la gente cree que estás viviendo y hay la otra vida. Es esa otra la que causa el problema, la que anhelamos ver'

Muy cierto. Ellos tienen una vida ejemplar, envidiable. Casa en el campo, perro, muchos amigos. Es la que la gente cree que están viviendo. Pero tienen otra. Quieren tener otra. Especialmente Nedra que, aunque en un análisis superficial me parece una intensa, un poco flipada y una egocéntrica camuflada de madre modélica, quiere, desea y anhela el momento de tener otra vida. Sola. Pero de momento, esa vida que la gente cree que Nedra y Viri están viviendo es cómoda.

'Aquella vida era como una prenda de vestir. Su belleza estaba fuera, su calor dentro'. 

Nedra y Viri comparten esa vida. En una especie de pacto tácito. No son fieles el uno al otro, pero no se engañan. Y, claro, se divorcian. Ella tiene casi 44 años, se ve muy mayor, las niñas criadas y más o menos encarriladas y decide poner punto y final a la vida que la gente cree que estaba viviendo. Se va de casa, viaja a Europa, se retira a una casa en la playa... y hasta ahí puedo contar. Es feliz.

'Su vida era como una hora única y bien aprovechada. Su secreto consistía en no tener remordimientos, en no compadecerse de si misma. Se sentía purificada. Extraía sus días de una cantera que nunca se agotaba. Los días le deparaban libros, recados, la orilla del mar, correo ocasional. Leía las cartas despacio y con atención, sentada al sol como si fueran periódicos del extranjero'.

Viri no lo lleva tan bien y sufre mucho.

'Siempre esperaba que ella le dijera que se había equivocado, que había cambiado de opinión. No había un solo día, una sola hora en que su reacción inmediata e indefensa no hubiese sido la capitulación'

Sí. El libro está lleno de citas, plagado de frases preciosas. Profundas. Y no sólo eso. El estilo, la redacción es sigilosa, detallista hasta la percepción sensorial, hasta el tacto: 'La esquina del mantel voló suavemente hacia atrás'. ¿O no?. 

En el libro y en la vida de Viri y Nedra la paternidad merece una atención especial y una visión interesante. Pero eso ya lo conté cuando empecé a leer la novela, en un momento en el que me dio por reflexionar sobre el hecho de que mi contribución a la continuidad de la especie ha sido en forma de niñas.

Salter me ha gustado, me ha sorprendido, me ha hecho esforzarme en su lectura y me ha iluminado aunque ahora siga en negro. Y repasando las notas, acabo con una cita que me mantiene en negro, que es el color del bloqueo mental.

'Pues cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, la aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como tirar piedras al mar.'


La hija del optimista. Eudora Welty. 1972

Eudora Welty reapareció en mi vida después de una búsqueda en google sobre novela americana. Recuerden, tengo un TOC con este tema y no se me va. Se estudiaba en literatura en mi senior year. Escritora sureña, como Faulkner, Capote... Carson McCullers, Flannery O'Connor, el gótico sureño... 

Laurel McKelva (si Laurel, como el laurel... leedlo y sabréis por qué) es una mujer de mediana edad que vive y trabaja en Chicago. Ella es la hija del optimista, un juez jubilado de Nueva Orleans. Laurel, como muchas hijas únicas o no únicas, viaja de vuelta a casa para atender a su padre al que van a operar, en principio, de un problema menor en un ojo. El juez enviudó de una respetable dama de Nueva Orleans y se volvió a casar con Fay, una mujer más joven, déspota, maleducada, egoísta y choni... sí, me la imagino muy choni. 'No había ninguna necesidad de que te molestaras en venir desde tan lejos', le suelta Fay a Laurel como frase de bienvenida cuando llega a la casa paterna.

Así que lo que tenía que ser una estancia breve en el hospital, se transforma en una dura prueba para Laurel. El resultado de la operación no es el esperado y el juez empeora mientras su hija lee para él en la habitación del hospital y su joven y choni esposa da por saco a médicos y personal sanitario en general. Podría hacerlo más fino y elegante, pero para eso ya está Babelia

Laurel y Fay se turnan para atender al juez. Se instalan en un hotel cerca del hospital mientras en Nueva Orleans están en pleno Mardi Gras. Mientras leía el libro, pensaba en mi madre y en todas las personas que conozco que han tenido que atender a sus padres o a familiares enfermos. En esos días, Laurel cuida a su padre y recuerda cómo fueron los últimos días de su madre. 


Y Laurel se siente culpable, como mi madre se siente culpable cuando recuerda los últimos días de mi abuelo y como cuando vuelve de pasar unos días con mi abuela que tiene 93 años, y piensa que no sabemos lidiar con ese dolor que parece -aunque no es- egoísta.


'Cuando alguien yace enfermo y amargado durante cinco años y se le adora, es posible que surjan inesperadas desavenencias entre aquellos que se quieren bien'.

El juez McKelva, el optimista, muere. Fay monta un numerito en el hospital que es sólo el preludio de lo que va a pasar en el funeral del juez. La viuda es la viuda, pero en el pueblo del juez y de Laurel, las cosas se hacen como Dios manda, aunque también depende de si eres presbiteriano o baptista. La pobre Laurel tiene que soportar en el duelo por su padre, los recuerdos, a las vecinas y amigas de la familia que se entrometen desde el cariño y la tradición y la desternillante aparición, con el juez de cuerpo presente, de toda la familia de Fay. Hay grandes momentos en este funeral. Unas cuantas risas, sí, pero meterse en la piel de Laurel en esos momentos es duro. Porque volver a su casa es volver a los recuerdos cuando sus protagonistas han desaparecido para siempre. Y eso debe de doler. 

'"Qué cargas imponemos a los moribundos", pensó Laurel... "Intentamos hallar alguna cosita que nos pueda consolar cuando ellos ya no están... algo que resulta tan difícil de conservar como de hallar: la durabilidad de los recuerdos, la prevención contra el daño que nos puedan hacer, la autosuficiencia, los buenos deseos, la confianza en los demás."

Ver unos libros y recordar cuándo y cómo se leían. Qué voces los leían. Una mesa. Una habitación. Una tabla del pan. Cualquier cosa desata el efecto torbellino del que habla Joan Didion. Y desata también la certeza de que ya está, de que se acabó.


'"Pero es razonable que tengamos que cargar con la culpa de sobrevivir a aquellos que amamos", pensó. Lo mínimo que podemos hacer por ellos es sobrevivir. La idea de morir no es más extraña que la idea de vivir. Pero sobrevivir a alguien es quizás la idea más extraña de todas'.

La idea que comparte Didion, extraña también, de que cuando alguien muere 'nos dolemos, para bien o para mal, por nosotros mismos. Por lo que un día fuimos. Por lo que ya no somos. Por la nada absoluta que un día seremos'.


Leer a Eudora Welty, al menos en este libro, es como meterse en películas como 'Magnolias de acero'. Con un punto de magia y misticismo, otro de horterez, sencillez, intensidad y melancolía. Se lee rápido. Ries y lloras. Animaos. 

Mi Ántonia. Willa Carther. 1918

'Mi Ántonia' es un dramón. Es la historia de Ántonia, con acento en la primera a, de su familia y de las familias europeas que poblaron el oeste de los Estados Unidos al principio del siglo XIX. Familias que, después de perder hasta la camisa con los pasajes del barco y no encontrar donde caerse muertos en la costa este, deciden poner rumbo hacia la otra punta de los EEUU buscando una nueva vida en la que muchos van a cambiar sus profesiones del viejo continente por el trabajo en la tierra fértil del nuevo mundo.

Ántonia llega a Nebraska desde Bohemia (Checoslovaquia), a los 14 o 15 años, con su padres y 3 hermanos. Son la familia Shimerda. No hablan ni una palabra de inglés y se meten a vivir en una casa-cueva miserable y fría. Ántonia es el ojito derecho de su padre y le encarga a Jim Burden, un niño americano, huérfano y el otro protagonista de la novela, que le enseñe inglés a su hija. Jim vive con sus abuelos, buena gente, referentes en la comunidad y buenos vecinos que ayudarán siempre a los Shimerda. Jim y Ántonia corren toda clase de aventuras y algún drama mientras son niños. Crecen y las oportunidades para un colono americano no pueden ser las mismas para una inmigrante pobre. Él estudia. Ella deja el campo, después de haber trabajado en él como una bestia, para servir en la ciudad. Como muchas hijas de familias inmigrantes que se convirtieron en la principal fuente de ingresos de aquellas familias. Mientras en el campo sus padres no paraban de darles hermanos pequeños, ellas servían, cosían, planchaban, lavaban, cocinaban... y enviaban dinero a casa para la educación de los hermanos pequeños. Esa educación que ellas no tuvieron.

Ántonia lo tiene todo para ser una triunfadora. Al menos eso parece, eso transmite. Pero no triunfa. O no lo hace como a mi me gustaría. Como creo que debería triunfar. Aunque me da la sensación que ella sí que se siente triunfadora, plena, feliz y realizada. No sé. Juzgad si leéis el libro. 

No tengo muchas citas reseñadas. No he encontrado grandes frases, ni lapidarias ni inspiradoras. Tiene párrafos que me encantan para una clase de lengua.

'Era una hermosa mañana con el cielo azul. Las flores de las vezas formaban nubes rosas y púrpuras a lo largo del camino, y las alondras, posadas en los tallos secos de los girasoles del año anterior, cantaban al sol con la cabeza echada atrás y el pecho amarillo y tembloroso. El viento soplaba a nuestro alrededor en ráfagas cálidas y dulces. Cabalgábamos despacio, con una agradable sensación de indolencia dominical'.

Evocador. Y qué gran ejercicio para unos análisis sintácticos y morfológicos...


Bueno... casi tres meses y tres libros. Más de dos meses y este es el primer post que publico. Estaba medio escrito. A ver si salgo de la negror, por lo menos por aquí. Chimpón.



5 comentarios:

  1. Estoy con Años Luz asi que me he saltado todo lo que dices de él porque me está flipando tannnto que no quiero que nada lo estropee. Yo también llegué a él a partir del artículo de AMM.
    Y también he doblado la esquina donde dice lo de las dos vidas. Una gran verdad, de esas que duelen.
    besos

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    1. Nada, nada, pues no lo leas y ya comentamos en los libros encadenados ;-)
      Besos también.

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  3. Ya lo he terminado. Coincido bastante en lo que cuentas de ella, pero creo que el libro tiene mucho de estar escrito en los 70 dónde las mujeres no tienen mucho peso específico y aparecen en muchas novelas rodeadas de un halo místico muy absurdo visto desde nuestros dias.

    Formalmente Slater es la leche, escribe como a fogonazos que te hacen ver toda la historia. Aunque creo que la primera parte es bastante mejor que la segunda donde extrañamente al fluir la historia más continuamente flojea literariamente.

    Yo he doblado mil esquinas.

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    1. Sí!! El final de Nedra, pelín previsible y un poco pim-pam-pum fuera. No las puse aquí pero me encantaron algunas frases sobre las hijas. El mes que viene te leo a ver qué esquinas has doblado.
      Buenas noches!!!!

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