jueves, 20 de febrero de 2014

34-0

'Mamá, nos han ganado pero ellos decían palabrotas'.

Ese sería el titular de la rueda de prensa de Ladecinco después de su primer partido con el equipo de prebenjamines de baloncesto del cole. Un titular digno de cualquier político que escurre el bulto de sus responsabilidades y que niega la realidad. La realidad es que quedaron 34-0. Victoria local de La Salle. Nuestros anfitriones y contrincantes. 12 niños y niñas de 1º y 2º de primaria, equipados, patrocinados, entrenados y coordinados como auténticos profesionales de la NBA. Nosotros, una banda. 



La banda escucha al equipo técnico minutos antes de debutar

Una auténtica banda sin equipaje y sin la menor idea de las reglas del baloncesto. 10 niños y niñas de 1º y 2º de primaria y un fichaje de 3º de infantil: Ladecinco. Es esa que lleva la pelota en la foto. Nuestro equipo acaba de formarse hace a penas dos semanas después del llamamiento desesperado del coordinador de deportes del colegio para captar vocaciones baloncestísticas. Ladesiete y Ladecinco se han apuntado al equipo y entrenan los lunes y los viernes.  

Debutaron un viernes. Un debut desastroso. Ellos 34-Nosotros 0. No consiguieron anotar ni un solo punto, no hubo un solo tiro que tocara el tablero, básicamente porque no lanzaron ni una sola vez a la canasta. Nada. Un desastre. Los otros tenían jugadas ensayadas y respondían perfectamente a las órdenes de su entrenadora. Los nuestros iban como pollo sin cabeza de una punta a la otra de la cancha. Ladecinco jugó todo el partido y acabó congestionada, roja como un tomate. La benjamina de los prebenjamines se lo curró, se entregó completamente a pesar de no tener ni puñetera idea de qué son los pasos, el campo atrás o las faltas personales. Corrió como una condenada, pilló algún que otro rebote y robó muchas pelotas. El problema es que lo hizo también con los de su equipo mientras la entrenadora gritaba: '¡A los otros, a los otros!'. 


En los tiempos muertos, recibían las indicaciones de la entrenadora con la mirada perdida y la vista puesta de reojo en el otro equipo. Ladecinco, en su tradición porculera, se dedicaba a beber de todas las botellas de agua que había en el banco. De las de sus compañeros y de la botella grande de la entrenadora. Y todo mientras no paraba de moverse en el estrecho banquillo del que, por supuesto, se cayó de espaldas. Ladecinco tiene un motor interno y vive pasada de vueltas. 

Merece especial mención el papel del árbitro. Un tío sensible, un encanto de persona que no pitó nada en contra de nuestra banda, a pesar de que violaron sistemática y continuamente el reglamento. Los pasos no eran pasos, eran las siete leguas sin botar el balón. El campo atrás era continuo porque en las pocas posesiones de balón que tuvimos, no sabían dónde tenían que ir, si para delante o para atrás. También hubo dobles, porque les resultaba difícil seguir botando la pelota mientras intentaban entender lo que les decía la entrenadora.  

El pitido final fue un alivio para los padres que seguíamos la escabechina en las gradas. El momento más especial para la banda fue ese en el que, en ordenada fila, chocaban las manos con sus verdugos. Qué caras de satisfacción, qué molones se sentían, qué manotazos pegaba Ladecinco...

Ya en casa, el aftermatch. Ladesiete no pudo compartir el debut con su hermana porque tenía fiesta de cumpleaños, pero ardía en deseos de saber cómo había ido el partido.

- Si habéis quedado 34-0 es que habéis perdido.
- Pues no. ¿A que no mamá?
- Sí, porque 34 es más que 0. ¿Los otros han metido 34 goles?
- No son goles, son encestes.Y yo he metido 10.
- No, nadie ha metido ningún enceste porque ha sido 34-0.
- Pero casi. Además lo importante es participar y hemos participado más que ellos y además teníamos miedo escénico.
- Miedo escénico es en el teatro.
- Y también en el baloncesto porque había público....

Yo paso. Las dejo en su bucle discutidor diario. Sólo me acerco para ver si tengo que intervenir en caso de que Ladecinco ponga punto final al debate con una agresión a su hermana. Que no está el árbitro en casa para hacer como que no ha visto nada. Pero la intensidad de la conversación decae porque la pequeña siempre tiene que tener la última palabra.

- ¿Pues sabes qué? Que sí, que han ganado ellos pero decían palabrotas... Jo y lo que sigue. Y el que lo dice lo es el mundo al revés, así que es como si hubiéramos ganado nosotros.


Esta semana no hay partido. Andan buscando sparring para la banda. Ya veremos.





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