jueves, 27 de marzo de 2014

'The land': los parques, la roña, la mercromina y la sobreprotección

¡Cuidado!
¡Te vas a caer, te vas a ensuciar, te vas a cortar, te vas a hacer daño!
Ven que te limpie. 
¿Te has hecho daño? A ver, que la mamá de fulanito lleva arnidol...

Son sólo unas cuantas frases de las que se dicen y se oyen una tarde en el parque. Se dicen en voz alta mientras interrumpes constantemente conversaciones y/o lecturas para hacer un seguimiento visual continuo al niño o niños que tienes a tu cargo. Se repiten en un parque al aire libre y también en cualquier entorno relacionado con el ocio infantil. Por ejemplo, un parque de bolas en el que se celebra un cumpleaños con 20 mini invitados que se deslizan unos detrás de otros por una barra a una piscina llena de pelotas de plástico, que se columpian con una cuerda sin ser conscientes de los obstáculos que pueden encontrar sus piernas en el balanceo. Por ejemplo, una cabeza. Al peligro y a los avisos de posibles contusiones, arañazos, chichones e incluso heridas de mayor gravedad que puedan requerir sutura, hay que sumar el celo por la higiene. ¿Quién no ha frotado con toallitas las manos de su criatura al salir del parque o de la piscina de bolas, con tanta intensidad que ha estado a punto de borrarle las huellas dactilares? 

Bien, pues ahora trasladémonos a The Land. Es un parque, un playground en Gales. Se puede ir por la tarde, el fin de semana y no tengo claro si se puede organizar una fiesta de cumpleaños. 


Foto de http://www.newswales.co.uk/
Parece una combinación de vertedero, poblado chabolista, ecoparque y playground de Mad Max. Parece, pero no lo es. Es un parque con monitores, con juegos para niños, al aire libre... el marco ideal para jugar. O para hacer el cafre. Que en el caso de lasmías viene a ser lo mismo algunos días. Lo ha descubierto Erin Davis, una cineasta americana que prepara una película sobre este parque. Si aún no lo conocéis, aquí podéis daros una vuelta.

Si os habéis recuperado de la impresión, reflexionemos ahora sobre lo que pide la autora, 'sobre la discrepancia entre lo que recordamos que nos hacía disfrutar cuando éramos pequeños y lo que tendemos a permitir a nuestros hijos ahora que somos adultos'. Nada de lo que se ve en los vídeos. Mi primo se abrió la frente con un cuchillo o sierra, no recuerdo, mientras él, mi hermano y yo cortábamos una cuerda de plástico para hacer una cometa. Mi hermano y yo tensábamos la cuerda cogiéndola de ambos extremos y mi primo intentaba cortarla desde abajo... hizo tanta fuerza que al partir la cuerda que la sierra (o el cuchillo) impactó en su frente. Tengo un amigo que cazaba murciélagos y les hacía fumar. Mi marido y sus amigos hacían estallar petardos en lugares tan insólitos como excrementos caninos. Recuerdo ir en bici en verano sola por la urbanización de mis abuelos. Sin más protección que las costras en mis rodillas llenas de mercromina. Recuerdo los columpios del patio de mi colegio o de los parques de mi infancia, oxidados y el olor a hierro que te dejaban en las manos. Entre unas cosas y otras, sí, todo lo que recuerdo se parece más a The Land que a los parques y anécdotas que recordarán lasmías.

La cosa es que  The Land ha llamado la atención en los EEUU. Allí te caes y te haces un esguince y demandas si hace falta a los presidentes del monte Rushmore. A esa afición por litigar hay el pánico total a la roña. Además allí,  los estudiosos de la pedagogía de los parques, apuestan por que los niños utilicen básicamente la imaginación para jugar en parques asépticos y con mucho mobiliario chuli. La imaginación frente a las manos, el mobiliario chuli frente a la roña. Y sin riesgo.

Hanna Rosin se ha fijado antes que yo en este documental y en este fenómeno. Hanna Rosin ya se ha fijado antes que yo en otras cosas, como por ejemplo en que amamantar no es ni milagroso, ni obligatorio, ni la solución a los males de la Humanidad. Rosin reflexiona, en mi opinión, con acierto sobre esa discrepancia entre lo que hacíamos de pequeños y lo que dejamos hacer a nuestros hijos y habla de niños sobreprotegidos. No les dejamos arriesgarse, descubrir y correr riesgos. En muchos casos, los niños ya no van solos a ningún sitio y si estamos en un lugar abierto o concurrido, perderlos de vista durante más de 30 segundos nos hace hiperventilar y desarrollar toda clase de pensamientos negativos y trágicos. Ellos saben y dan por hecho que les estamos mirando, que estamos pendientes. Por eso mismo creo que nunca les he dicho a mis hijas aquello de 'no hables con desconocidos'. Porque si se encuentran con un desconocido, probablemente esté yo cerca. 

Construir, destrozar, trepar, columpiarse, esconderse, ensuciarse... ¿quemarse, herirse? Todo esto formaría parte de un nivel de riesgo asumible y razonable para el desarrollo de los niños. Pero como en algunas cosas del criar, veo la tendencia a transformar también esto en algo artificial. Me lo veo venir: 


¡Celebra tu cumple con nosotros! Juega con tus amiguitos como lo hacían tus papás... hogueras, casas de cartón, muchos palos, barro, maderas... Usa tus manos y tus dientes.. no habrá mayores que te digan noooooo... No olvides venir con ropa vieja y recuerda que saldrás con mucha roña. 

Lasmías cumplen años dentro de un mes. Voy a ver... pero espero que tengan un botiquín con muchas de dosis de la vacuna antitetánica. Y mercromina.





2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Están sobreprotegidos, sobreestimulados, sobre, sobre y no saben hacer nada sin su madre o su padre mirándoles. Hay que soltar correa sí o sí pero, ¡es tan dificil! Besos.

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    1. Las cosas han cambiado mucho desde que éramos pequeños pero, caray, un término medio estaría bien.
      Besos!

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