martes, 29 de abril de 2014

Razones por las que enamorarse de una periodista no es para tanto


Circula estos días por grupos de guasap y perfiles de Facebook una lista de razones por las que enamorarse de una periodista es supuestamente maravilloso. Asegura este catálogo de porqués que 'una mujer periodista es apasionada, inteligente, interesante, divertida e intensa'. Y que 'cada día con ella es un viaje lleno de aventuras que terminan como historias'. Ole.

Asegura el autor o autora inconfeso de la lista que los periodistas siempre tienen tema de conversación. Sí. Se les presupone. Aunque eso no significa que sepan exactamente de qué hablan. Tener tema de conversación significa no quedarse callado y mantener un diálogo mínimamente coherente, incluso interesante, ante un interlocutor en forma de mamá del cole, compañero/a de banco en la sala de espera del centro de salud, invitado a la derecha o a la izquierda en un banquete de boda o... en forma de ligue. Cita. Rollo. Como quiera que se llame hoy en día. Estoy desactualizada en este campo semántico. Bien. La lista de razones habla de enamorarse de mujeres periodistas y este punto parece que se aplica por igual a ellos que a ellas, así que nada más que añadir. Los/las periodistas son capaces de hablar de cualquier cosa.

El segundo punto del decálogo amoroso-periodístico habla de amor por la verdad. Amor y respeto por la verdad y el rigor y tal... pero no os hagáis ilusiones. Porque éste tiene toda la pinta de ser el punto en el que la periodista entiende que no es bueno llevarse el trabajo a casa. 

Punto 3. Espontaneidad porque gracias a sus trabajos no existen horarios y los días está llenos de actividades imprevistas. Bueno. Tan imprevistas como lunes ejecutivas, martes junta portavoces, miércoles y jueves pleno, viernes consejo de aquí o de allá. Esto es el menú semanal básico si eres, por ejemplo, periodista política. Si eres periodista deportiva, el patrón también suele ser previsible. Si eres periodista de sucesos o sociedad o de internacional, tampoco pasan cosas súbitas cada día. Y si la noticia repentina e inesperada surge al final del horario laboral probablemente anule todos los planes e improvisaciones posteriores. A lo que hay que añadir, para información de seres humanos interesados en enamorarse de una periodista, que las periodistas trabajan los fines de semana y fiestas de guardar. 

También dice la lista que las periodistas tienen ideas sencillas, que pueden intercambiar ideas sin parecer que están presumiendo por sus conocimientos y que sus parejas se enamoran de su sencillez y claridad para expresarlas. Lo deseable es que tengan esa claridad y llaneza en sus noticias, en los conocimientos e ideas que explican a sus lectores, espectadores u oyentes. Hay un axioma que asegura que las noticias las tiene que entender la abuela del editor. El enamorado siempre entiende porque, como buen enamorado, pierde transitoriamente el criterio.

Resulta también que las periodistas tienen soluciones para todo, por su poder de investigación y la búsqueda de argumentos. Esta lista habla de enamorarse. No habla de casarse o convivir, ni de procrear ni de compartir casa, facturas, tareas domésticas y crías. Habla de una fase concreta que puede o no puede acabar en casamiento o convivencia, con o sin procreación. Por lo tanto esto de la búsqueda de soluciones pierde fuerza. ¿Qué problemas realmente graves pueden darse en la fase de rendimiento amoroso? Ninguno. En caso de que el cortejo acabe en cualquiera de los escenarios mencionados, hay cosas que no las resuelve ni Lois Lane.

Propone el autor o autora de la lista como elemento a tener en cuenta para derretirse por una periodista, el hecho de que suelen llevar en la cartera un pase de prensa. Un salvoconducto a saraos a los que la periodista llevará de gorra a su enamorado y en los que desplegará otro de sus rasgos definitorios y definitivos para conquistar: que son seres altamente sociables, que se les da eso de hablar con cualquier persona, no temen llegar a una fiesta y comenzar a conversar con gente que no conocen de temas que no dominan... Error. El autor o autora empieza a malograr la imagen idílica de la periodista. Porque insiste demasiado en que la redactora habla de todo aunque no sepa de mucho.

Porque parece ser que las periodistas viven en tal estado de arrebato personal y profesional que no son predecibles y que pueden convertir su vida en un reportaje en el que su pretendiente puede ser famoso sin saberlo. Me pregunto si el autor o autora ve, oye o lee noticias. No sé yo si a muchos caballeros ciegos de amor por una periodista les gustaría ser protagonistas de cualquiera de las cinco primeras noticias de un informativo.

Y para acabar, las periodistas son intensas. En ningún otro lugar mejor que aquí se ha definido qué es ser intensa. O intenso. Cualquier cosa que añada desvirtuará el significado real de la palabra intensa como característica de una periodista. O un periodista. Sí, hay mucho intensismo en el periodismo en general.

Resumiendo... son impredecibles, así que luego no digáis que no las entendéis y no os quejéis porque trabajan el 1 de enero. Son gorronas porque entran a cualquier sitio con un pase de prensa. Son un fraude porque embaucan hablando del Ibex 35 pero realmente no tienen ni idea de lo que dicen. Pero son tan intensas que parece que dominen el tema. No es para tanto. 














1 comentario:

  1. Solamente los cónyuges de las periodistas saben el riesgo que se corre al enamorarse de la susodicha. Las ventajas que el autor/autora inconfeso enumera más bien pueden convertirse en inconvenientes, sobre todo cuando se pasa la fase del enamoramiento, en el que todo es maravilloso. No hay razones para enamorarse de una periodista, hay razones para enamorarse de una persona. Pero bien es cierto que me he divertido leyendo el escrito del autor/autora inconfeso y más aún con tu análisis del mismo. :))

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