jueves, 17 de abril de 2014

Reglas para criar a un hijo. Por Susan Sontag

Susan Sontag y su hijo, David Rieff

Probablemente, la relación entre Susan Sontag y su hijo no entraría en el Olimpo de la maternidad apegada-consciente-triunfante si le aplicamos los parámetros actualmente en boga. Ensayista, novelista, intelectual a la que todo le llegó pronto. La brillantez (desde la infancia), la maternidad (a los 17 años) y también la muerte (a los 71). Dicen que era una fanática de la seriedad y que su inteligencia era aún mayor que su talento. Sólo he leído un libro suyo. 'En América'. Un novelón. Susan Sontag tuvo un hijo con su profesor, con el que estuvo pocos años casada. Un hijo que ha escrito sobre su madre. No me consta que ella escribiera sobre él. Pero sí que contó las reglas que utilizó para criarlo. 

1. Sé constante. Congruente. Coherente. Un consejo sabio y recomendable para todo en la vida. Complicado tirando a imposible. Caso práctico: No se puede castigar sin tele y levantar el castigo durante media hora para poder acabar un post.

2. No hables de él con otra gente en su presencia. No cuentes gracietas. No le hagas pasar vergüenza. Esas conversaciones de parque, esas reuniones familiares, esas hazañas deportivas, esos comentarios sobre sus notas, sobre su amigos, esas cosas que le dan rabia... Es bueno tener sentido del humor y capacidad de autocrítica, pero eso llega cuando llega.

3. No le alabes ni le felicites por algo que no siempre se considera bueno. 
Si en casa os habéis partido de risa porque la criatura se ha tirado un eructo descomunal. Si un pedo -involuntario- de un progenitor ha generado carcajadas y concurso posterior en familia, no vale soltarle un eso no se haaaceeee si en algún momento la criatura expele, voluntaria o involuntariamente, gases en público y luego se ríe. Y dejando a un lado la escatología, este consejo vale especialmente para los modales. No hace falta que sean de Buckingham Palace. Una cosa normal. Si has pasado olímpicamente de que sorban ruidosamente la sopa con tal de que se la acaben rápidamente, si has jaleado a esa hija que no come nada porque rebaña un plato con la lengua, no puedes reñirles por ese porte cerril que muestran en ocasiones en restaurantes, casas ajenas y otros eventos sociales.  

4.No le pegues la bronca por algo que se le ha permitido hacer antes.
Pues eso.

5. Rutina diaria: comer, deberes, baño, dientes, a la habitación, un cuento y a la cama.
La rutina está muy mal vista. Si eres madre reciente y has caído en la blogosfera materna, verás que hay férreos detractores de la rutina. Que duerman cuando quieran, que coman cuando quieran, que respetes sus ritmos y te adaptes a ellos... Error. La rutina es buena. El conductismo no es el Mal. 

6. No permitas que te monopolice cuando estés con más gente. Hablamos de evitar que un niño transmute en koala parlanchín que interrumpe constantemente con ese desquiciante mamá-mamá-mamá, y que no es capaz de hacer nada por sí mismo justo cuando tú estás hablando con alguien. Existe un término medio entre la negligencia y esto. No hace falta que desatiendas a tu criatura en el parque para mantener una conversación adulta. Precisamente las tardes de parque permiten desarrollar una habilidad especial para mirar dos cosas a la vez sin sufrir estrabismo.

7. Habla siempre bien de su padre (no hacer gestos, caras raras, suspiros de impaciencia….) Por supuesto, faltaría más. No hay que desautorizar al otro en plena gestión de una rabieta. Es imprescindible tener una estrategia educativa común e inalterable. Pero estás autorizada, como mínimo, a resoplar si el padre llega de trabajar cuando ya están en la cama y huelen a colonia y a sueño, y están tan tranquilas que empiezas a ver la luz, ves una cerveza, ves tu cena, ves un libro, ves la paz... y entra el padre bailando y cantando el Gangnam Style para hacer reir a sus criaturas porque no las ha visto en todo el día.

8. No le desilusiones en sus fantasías infantiles. No. Está permitido ilusionarles/engañarles con toda clase de artimañas. En casa hicimos un montaje de cámara oculta digno de Spielberg para demostrar que había entrado un rey mago en el salón. Está grabado. Tienen la prueba en DVD por si viene alguien a decirles que los reyes son los padres. Porque se ve claramente que entró un tío con turbante y corona, tapado hasta los ojos y fue dejando regalos mientras le esperaban en la terraza los camellos. Porque se oye a los camellos. Hay quien suplanta la identidad del Ratoncito Pérez e intercambia correspondencia con él. Y también hay quien hace del proceso dentición un descubrimiento interior y doloroso de las cosas de la vida. Se puede elegir.

9. Que sepa que hay un mundo de adultos que no es de su incumbencia. Sí, sí... esto son cosas de mayores, niño deja ya de joder con la pelota, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca y cuando seas padre comerás huevos. Un clásico.

10. No asumas que lo que no te gusta hacer a ti (baño, lavarse el pelo) tampoco le va a gustar a él. No, no lo asumo, pero me da igual. A mi sí que me gusta bañarme y lavarme el pelo y a ellas no. Así que espero que a ellas les gusten las matemáticas, porque yo las odiaba y mira cómo me ha ido.

4 comentarios:

  1. Muy bueno Ana !! Yo algunos los sigo y los cumplo.... Pero asumo que cuestan y mucho... Pero añadiría otros como: no pretendas que se acuesten pronto, si te saltas las reglas cuando te conviene; no esperas que se coman algo cuando tu ni siquiera lo harías; si pierdes la paciencia a la hora de hacer los deberes tampoco pasa nada (es comprensible)....

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    1. Es que todo gira y se basa en el punto 1. Tal cual.
      Un beset!!!!!!!

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  2. Muy buen post. De acuerdo con muchas de las cosas que planteas. Por cierto, no sabía que Susan Sontag había tenido un hijo, y mira que he leído muchos de sus escritos. Interesante que haya sido el hijo el que escribiera sobre las reglas :)

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    1. Gracias! Échale un vistazo a la entrevista al hijo que está enlazada en el post. Si te gusta Sontag te resultará muy interesante.

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