martes, 6 de mayo de 2014

Lo que pensaron y lo que no pensaron los de Desigual cuando cruzaron el espejo

Los de Desigual pensaron que estaría bien hacer un anuncio con motivo del Día de la madre y pensaron que no podía ser un anuncio tierno, sentimental y generador de lagrimones como todos los anuncios del Día de la madre.

Los de Desigual pensaron, en su coherencia de marca, que el anuncio debía estar protagonizado por ese modelo de mujer que habitualmente colocan delante de un espejo en sus campañas publicitarias. Joven, desenfadada, sin complejos, guapa, desenfrenada, sensual, voluptuosa, excitante y excitada, extravagante, pudiente, independiente, fresca, atrevida, espontánea, audaz, lozana y feliz. Y chula.

Los de Desigual no pensaron en los niveles de reduccionismo que han alcanzado al personalizar todas estas virtudes en varios ejemplos de mujer bandera: la que en su pleno derecho planea tomar la iniciativa para tener una relación sexual con su jefe, la que goza de su cuerpo y su colonia o la que toma las riendas de su vida vida a pesar de la crisis. No pensaron que si a alguien se le ocurriera hacer un anuncio con un joven musculoso, que se contonea frente al espejo mientras se coloca virilmente los genitales y se prueba modelitos y guantes de boxeo, explicando en monólogo interior cómo planea arrancarla la ropa a su jefa, se alzarían muchas voces afirmando que el fondo y la forma son, como mínimo, sexistas. No pensaron que la libertad sexual de las mujeres no se defiende con pibones en estado de celo constante. Y no se pararon a pensar que irse a Tailandia a practicar el dolce far niente no es lo que suelen hacer los jóvenes cuando se miran al espejo y a los ojos para intentar huir de la crisis real. 

Y como no pensaron en esto, los de Desigual decidieron seguir viralizando su idea de la vida chula. Y  pasaron de lo chulo a la chulería. Y pensaron que sería chulísmo conmemorar el día de la madre con un anuncio en el que la enésima mujer arrobada de su catálogo, reflexiona sobre su vida, sus principios y sus retos vitales mientras convulsiona delante de un espejo. La bella moza en este caso, reduce sus aspiraciones a lucir una barriga de embarazada y a ensoñar sobre su fecundación. Y entonces, ¡tachán!, decide pinchar un preservativo para conseguir tan noble fin.

Evidentemente, los de Desigual no pensaron que esos preservativos masculinos que decidieron perforar en su guión absurdo, son el único medio eficaz para prevenir las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. No pensaron que gran parte de su público objetivo son adolescentes y mujeres jóvenes, a las que se les supone más juicio que a los creativos que fomentan la estafa en las relaciones sexuales. No pensaron que habitualmente la maternidad es cosa de dos y que las mujeres que deciden ser madres sin un hombre en casa, no estafan para quedarse embarazadas. Y tampoco pensaron que su apelación a la libertad de decisión es lo mismo que reivindican muchas mujeres que están en contra de la reforma de la ley del aborto que prepara el gobierno. Y para nada pensaron que, tradicionalmente, una chica que pincha condones para quedarse embarazada de su pareja siempre ha sido todo lo contrario a una mujer libre e independiente.

Y como consecuencia de no pensar en nada de esto, tuvieron que salir a desbarrar, digo, a dar una explicación en la que comparan el deterioro doloso de un preservativo con el encendido de una cerilla en la oscuridad. 'Encender una cerilla no tiene que servir como síntoma de piromanía sino que puede ser un símbolo de tener una idea, de alumbrar, de emprender, etc. Pinchar un preservativo puede ser un canto a la maternidad. Un símbolo, una metáfora. La imaginación es libre de pensar en consecuencias'. No comment.

Sí, serían deseables algunas consecuencias. De momento, la Generalitat de Catalunya, comunidad en la que tiene su sede Desigual, estudia pedir la retirada del spot. El Consejo Audiovisual de Catalunya, que asesora a la Generalitat en estas cosas les dice que el anuncio no infringe la normativa audiovisual porque es 'una ficción publicitaria que se ha emitido fuera del horario de protección'. Bueno. Pero Youtube no tiene horarios. 

A Desigual le gustan los espejos. Claro, los espejo son básicos para saber si la ropa queda bien. También son el instrumento más efectivo para mirarse a los ojos y pensar. De hecho, no hay otra manera de mirarse a los ojos. Pero, atención, porque el espejo nos devuelve la imagen cambiada. Después de Alicia en el País de las Maravillas, Alicia siguió A través del espejo y en ese libro se transportó a una realidad en la que todo estaba trastocado, invertido, donde todo había perdido la lógica. Para comer pastel primero se repartía y luego se cortaba, para llegar a la reina, había que alejarse de ella y la gente sólo recordaba lo que pasaría en el futuro. Una realidad en la que los libros se podían leer pero no se entendían. Cruzar el espejo y no saber o no poder volver es un problema. Porque la vida a través del espejo de Desigual no es chula. Es un desatino.


2 comentarios:

  1. Plas, plas, plas.

    A mi lo que me revienta no es lo de las enfermedades de transmisión sexual...eso es grave pero en fin, no hay que aprender educación sexual en un anuncio. Lo que me parece grave es la irresponsabilidad de decir "voy a tener un hijo y me la pela el otro"....Bueno, y luego toda la parafernalia de "soy guapa y gilipollas"....

    en fin...desigual es un asco.

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  2. En Desigual tienen ropa de hombre también.
    Podrían haber hecho el mismo anuncio, pero con un tío, pinchando el preservativo y mirando algún cochecito de bebé... no sé, ni ellos mismos lo debieron ver claro, tan tan chulos no se atrevieron a ser. Pensaron que si una chica pincha un condón es moderna y rompedora y si lo hace un chico es machista o directamente imbécil.

    Al final, los de Desigual han conseguido su propósito: darle publicidad a la marca, que hablen de ellos en televisión y prensa escrita.

    Luego ya quitarán el anuncio, se disculparán o harán lo que sea, pero de momento todos tenemos el anuncio en mente.


    Saludos, Anna.

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