martes, 17 de junio de 2014

La ciencia, las niñas, la televisión y la máquina del tiempo


Ladeseis me ha contado un secreto y sí, lo voy a desvelar. El día que lea el blog de su madre y encuentre semejante traición, apuesto a que andaremos inmersas en otros conflictos generacionales de mayor gravedad. Por lo tanto, no me preocupa mucho descubrir su misterio.

Ladeseis está construyendo una máquina del tiempo. La quiere para viajar para atrás y conocer cómo vivían los dinosaurios, porque los están estudiando en clase y no se fía de eso de que algunos eran más altos que un rascacielos. Mamá, si no había rascacielos en esa época, ¿cómo iban a ser más altos que un rascacielos? Es una descreída. Dice que, de paso que viaja para atrás, no sabe si a la ida o a la vuelta, parará en mi época para ver cómo era la tele en blanco y negro y también en la época de sus abuelos para ver cómo se vivía sin tele. Y ya luego volverá a hoy porque en aquellas épocas remotas no tendrá amigos. Dice que tiene cajas y maderas para construir la máquina del tiempo. Que le pondrá una puerta que cierre muy bien, que pintará los botones para enchufarla y que funcionará con un combustible que es como un caldo hecho con agua y pieles de fruta. Aún no tiene claro si dejará subir a su hermana o la dejará en la torre de control.

Ladeseis dice que ya lo tiene casi todo preparado para empezar a construirla, pero insiste en que necesita dos cosas: un celo que pegue muy, muy fuerte para que el fuego que sale de la velocidad no le rompa el artilugio. Y dice que también le haría falta que en la tele hicieran dibujos y series de inventores y de científicos porque así le darían ideas. Asegura que, si en Art Attack te enseñan a hacer manualidades, podrían hacer un programa para enseñarte a hacer máquinas del tiempo. 

Es una gran idea y no lo digo únicamente por haber parido a semejante portento de los razonamientos aplastantes. Es propio de los cuarentones caer en la nostalgia y suspirar recordando nuestra infancia. Cuando éramos pequeños había programas como los que le rondan por la cabeza a Ladeseis. Estaban Los sabios y si tus padres te dejaban ver la tele después de cenar podías ver Cosmos de Carl Sagan. No era pura ciencia, pero podías viajar al Planeta Imaginario y ponerte a imaginar y a pensar. Incluso viendo El hombre y la tierra podías llenar las tardes de invierno con juegos, aventuras y aullidos de lobo.

Muchas vocaciones y carreras profesionales de actuales cuarentones se habrán forjado, en parte, con ese material televisivo.  Echar un vistazo a la programación infantil de televisión de esta misma tarde es muy triste. Eso contando con que en tu comunidad autónoma tengas tele, porque si la tienes aumentan mínimamente las posibilidades de poder ver algo que tenga alguna relación con la ciencia y los niños. He dicho mínimamente. 

Una tarde, mientras Ladeseis mezclaba en un cubo agua, pieles de melocotón, bolas de ciprés y barro para hacer combustible, yo tomaba el sol y leía en el móvil a Molinos hablando sobre televisión y mujeres científicas y sobre el impacto que pueden tener los programas y las series de ficción para difundir modelos culturales y, en el mejor de los casos, fomentar vocaciones profesionales. Y claro, me hundí rápidamente en la miseria maternal mientras en mi cabeza resonaban las canciones de Violetta al repasar mentalmente la parrilla de las cadenas de televisión. Y me puse a mirar con nostalgia y con arrobo a mi pequeña inventora hecha un asco mientras colaba su combustible -porque si se mete una bola en el motor ya no va- y a pensar que, a este paso, tendrá que viajar en el tiempo para ver programas como aquellos y poder inspirarse. De momento habrá que conformarse con la descarga masiva de programas, series y películas viejunas o reflexionando, en el ámbito doméstico, con vídeos y campañas como esta. Que la tele tampoco tiene la culpa de todo.






2 comentarios:

  1. Dile a la de seis si me puede traer un gusiluz a su regreso. Lo pedí insistentemente en su época y nadie me hizo caso, lo que sin duda dejó secuelas en mi cerebro. Por cierto, ese combustible necesita un poco de gas metano para el despegue de la máquina del tiempo. Hommer es un gran productor y se pone enteramente al servicio de su causa.

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    1. ¿Y tú para qué quieres un gusiluz a tu edad? El metano seguro que contamina muchísimo y ella está busca combustibles limpios ;-)))

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