jueves, 3 de julio de 2014

La paga de los soldados o cómo acabar un libro agotada



"No hacía mucho tiempo que en la sociedad la bebida de moda era la guerra; por todas partes se bebía el licor embriagante, hasta se amamantaba con guerra a las criaturas para que llegaran a la edad madura con inclinación bien definida hacia ella; pero, ahora, la sociedad había olvidado su bebida predilecta, cambiándola por otra que ellos no podían beber."

Un tren con militares norteamericanos que regresan de Europa al final de la I Guerra Mundial. El soldado Joe Gilligan cumple con el encargo de devolver a su casa al teniente Donald Mahon, piloto herido de guerra, desfigurado, amnésico y casi ciego. Regresan a Charlestown, Georgia, donde sus familiares y amigos lloran porque le creen muerto. En el regreso, Margaret Powers, viuda de militar, les acompaña y se erige en la directora de operaciones de la nueva vida de Donald, que ha dejado a un padre desolado, a una prometida infiel, a una criada enamorada y una ciudad devastada por los efectos de la Gran Guerra.


"Hasta aquel entonces, los uniformes triunfaban en toda la línea; se les veía en todas partes, andando de aquí para allá, exhibiéndose, y no sólo se les consideraba 'de moda' y románticos, sino que ellos mismos se mostraban muy dispuestos a gastar el dinero que traían, y por tanto, iban demasiado lejos y demasiado de prisa para que los infortunados jóvenes pudieran seguirlos."

Margaret y el soldado Gilligan protegen a Donald, reconfortan a su padre y se aferran a la esperanza de su recuperación. Recuperación que, según un médico es remota, pero que para ellos pasa por unos atentos cuidados y por una boda. Por el cumplimiento del compromiso matrimonial entre Donald y la señorita Cecily Saunders. Pero ella no ha sido fiel a ese compromiso y ha pasado la ausencia de su novio entre bailes y aventuras varias. 


"No, no y no. No quiero juzgar mal. Tal vez lo esté... tanto como sea capaz de estar enamorada de alguien. Después de todo es cosa de novela romántica eso de saber que el amado murió en la guerra y que regresa inesperadamente a sus brazos y que es un héroe."

Cecily pasa de la sorpresa a la turbación tras el regreso de su novio maltrecho. Se quiere casar con él pero antes debe poner fin a una relación sentimental. De ahí pasa a l'ennuí más intenso y agobiante, para acabar hecha unos zorros ante la oposición de sus padre a que se case con un prometido terminal. Un auténtico dramón. 

La paga de los soldados es la primera novela de William Faulkner. Aseguran las biografías que la escribió para pasárselo bien. Puede que sea la novela más fácil de leer de Faulkner y consigue hacer entrar al lector en una atmósfera agobiante, compleja, violenta, reprimida... La acción de la novela es mínima. A penas ocurre nada. Hay capítulos extraños y pasajes de lectura angustiosa como los que relatan los bailes que se celebraban para agasajar a los soldados que vuelven de la guerra. Hay diálogos bellos y citas duras. 


"... ¿Por qué no puede ser el hombre completamente feliz o completamente desgraciado? Es que siempre es una mezcla débil y tibia de las cosas. Es lo mismo que beber cerveza cuando se necesita un licor fuerte... o un sorbo de agua. Ni una cosa ni la otra."

Hay pocos personajes además de los citados. Está el otro novio de Cecily, George Farr, al que abandona cuando regresa el teniente Mahon de la guerra y al que vuelve cuando deciden que no se case con él. Un alma en pena, borracho a todas horas por culpa de los caprichos de Cecily. Caprichos como la peligrosa relación con Januarius Jones, un auténtico canalla, por no llamarlo cerdo, que no deja en paz a cualquier fémina que se le ponga delante. 

Dicen que es una de las mejores novelas que se han escrito sobre la I Guerra Mundial, que retrata sus secuelas y el origen de la 'generación perdida' del mismo Faulkner, de Ezra Pound, Dos Passos, Hemingway, Steinbeck o Scott Fitzgerald. Tiene altibajos y desniveles. O lo que es lo mismo, a ratos te atrapa y a ratos te cuesta. Hay páginas en las que todo es raro, en las que los personajes se comportan de manera anormal y vacilan entre lo excéntrico y lo incomprensible. Y la lectora duda de la traducción de la edición e incluso de su claridad mental. Agota y no es ni mucho menos Mientras agonizo. Así que sólo recomiendo su lectura a valientes y desocupados. 




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