jueves, 24 de julio de 2014

Reflexiones (absurdas) sobre cosmética y cuidado personal



Es propio de los estados de enclaustramiento doméstico por falta de actividad laboral descuidar ciertas rutinas. Por ejemplo las relacionadas con la cosmética y el cuidado personal. No es que una mute en mujer de cromagnon y se abandone al libre albedrío del crecimiento piloso o el blanqueamiento capilar. Tampoco es que la falta de tensión y la ausencia de hábito que haga al monje digno de presentarse en condiciones físicas agradables al prójimo, conduzcan a un escenario de apatía estética. La cosa es que piensas, como decía mi tía abuela, 'para qué y para quién' y con esfuerzo llegas a la conclusión de que es obligatorio no desatender hasta la negligencia esas rutinas. Por ti y por tus compañeros y por ti primero, porque vas cumpliendo años y aunque eres una firme detractora de las chorra-teorías sobre la belleza interior vs la belleza exterior, has creado la necesidad de ponerte potingues, maquillarte, cortarte las uñas, atender a tus cutículas, controlar tus pelos y proteger tu piel del sol y de otras agresiones espacio-temporales. El problema, como siempre, es pensar. Pensar constante y enfermizamente en cualquier actividad diaria, todas estas inclusive.

Cremas para la cara: hidratantes, nutritivas, anti arrugas, para pieles sensibles, secas, grasas o mixtas, de noche y de día, baratas, asequibles, caras, muy caras y prohibitivas. Creo que todas hacen lo mismo: evitar que después de lavarte la cara y secarte con una toalla rasposa -porque las toallas suaves y mimosas no secan-, la piel de la cara no se convierta en un pergamino al tacto y en un curtido a la primera mueca ante el espejo. Si la de 15 euros consigue ese objetivo, dudo de que exista una auténtica diferencia entre una crema de 50 euros y una de 100. 

Hay un subgrupo dentro de las cremas faciales en el que encontramos las mismas cremas anti-acartonamiento por agua del grifo, pero en envases de menor tamaño. Son los contornos de ojos y labios. Nos tienen engañadas. Y engañados. Seguro que son las mismas cremas en diferentes tubitos, tarritos, frasquitos. Cremitas y cremas que conducen a confusiones en su aplicación: si me pongo primero el contorno de ojos y labios y luego la crema en toda la cara, ¿evito las zonas previamente untadas? ¿Me vuelvo a embadurnar esas áreas críticas? ¿Se mezcla todo y los resultados garantizados en tres semanas se van al garete o el efecto tensor se multiplica?

Protectores solares faciales: También ofrecen a la usuaria dudas en el uso y en los resultados. Llevo años usando protección solar en mi cara y tengo un pedazo mancha en el pómulo izquierdo que deliberadamente oculté en la fotografía del blog con una inclinación de cuello algo afectada y un poco de photoshop. Sigo con mis cremas para el sol, cada día de cada estación del año y siempre me acosa la misma hipocondria dermatológica: si me unto de protector solar y luego me pongo unos polvos para quitar brillos y tener buena cara, si además cubro el lentigo (que así se llama la dichosa mácula) con algún producto presuntamente cubriente y protector, ¿desencadenaré una reacción nociva para mi piel? ¿Cómo es posible que hayan inventado protectores faciales que además atenúan las manchas del sol? Es una contradictio in terminis. Un oxímoron cosmético.... Oxímoron SPF100: fotoprotección máxima y tratamiento antimanchas. Todo en uno. Ahí lo tenéis laboratorios. Marca registrada y eslogan gratis. 

Maquillarse: El maquillaje es otra vía de engaño constante y otra fábrica de oximorones. Maquillaje invisible, maquillaje ligero, fresco, natural. Falso. Yo salía en la tele y las maquilladoras conseguían que apareciera con buena cara, sin lentigos ni ojeras. Y a Dios pongo por testigo que no lo hacían con fluidos etéreos y aterciopelados, correctores incorpóreos o pomadas milagrosas. Que va. Aquello era más propio de la reparación de chapa y pintura. 

Desmaquillarse: una de las cosas que aprendes con la edad es que irse a dormir un día sin desmaquillarse no es un drama. Desmaquillarse en un fastidio, pero hay que hacerlo, así que recomiendo que nadie haga caso a mi primera afirmación. Eso sí, lo mejor es el agua y el jabón. Las leches desmaquillantes ensucian la cara de leche desmaquillante y los tónicos pican y dejan restos de tónico en la cara. El agua micelar. Ese nuevo invento cosmético deja restos de agua micelar. Es así. Lo único que lava la cara y arrastra los residuos de polvos, carmines y aditivos varios es el la espuma del agua y el jabón. Que lo sepáis.

Tintes para el pelo: el día que superé el pavor a que la máquina que rellena los botes del líquido revelador y del colorante de los tintes se hubiera equivocado, decidí que había llegado el momento de teñirme el pelo en casa y ahorrar pasta y tiempo. Me aterraba pensar que hubieran puesto líquido rubio platino o negro violín en mi caja de tinte moreno y encontrarme hecha una Cyndi Lauper o algo peor después de emulsionar y aclarar el producto. Además, tengo una compañera a la que su marido le hace las mechas, así que decidí que no debía ser algo tan difícil. No lo es, pero tiene su miga. 

Primero tienes que dar con el color correcto de tu pelo después de pasar media hora delante de la estantería de los tintes del supermercado. Decidir si lo tuyo es castaño, castaño natural, castaño medio, chocolate o moreno... Si nunca te has enfrentado a este trance, te encontrarás a ti misma dándole vueltas a la caja del tinte, mirando la muestra del color fotografiado en la caja en la puerta del establecimiento, con luz natural para ver si tu cabello es así. O mucho peor, haciendo contorsionismo para comparar tu pelo con los mechones de muestra que cuelgan de las baldas de exposición. Pelo sintético, como el de la Nancy.

Ya te has decidido por el castaño-castaño. Llegas a casa y lees las instrucciones de la operación tinte. Está todo claro. Mezclas las dos botellas de la fórmula mágica y temporal contra las canas, te embadurnas toda la cabeza, empiezas a notar un leve picor y percibes ciertos síntomas de nerviosismo por si a) ¿te provocará alergia?, b) ¿habrán rellenado bien los botes y quedarás castaña-castaña? Con este desasosiego olvidas contabilizar el tiempo de exposición al tinte. No es sólo que no sepas a qué hora te lo has puesto, es que si empiezas a las 10:20 h. y te cuesta 5 minutos 'aplicar el producto sobre las raíces con el cabello seco y sin secar', ¿cuándo empiezan a contar los 20 minutos para 'dejar actuar el producto'? ¿Cuando te pusiste el primer chorretón de tinte a las 10:20 h. o a las 10:25 h?

Manicura y pedicura: odio cortarme las uñas de las manos. La uñas de las manos no deberían crecer. No tienen una función práctica, son vestigios de la evolución y su progresión debería interrumpirse definitivamente. Como las muelas del juicio. Ya no necesitamos uñas largas para excavar ni garras para atacar. Cortar las uñas a los niños es una tortura y auto cortártelas de adulto un engorro periódico. Lidiar con un cortauñas o con unas tijeras para arreglarte las uñas de la mano derecha si eres diestro o viceversa si eres zurdo, es muy incómodo. A lo que hay que añadir que los fabricantes de limas no han conseguido aplicar la I+D+I para inventar una buena herramienta a medio camino entre la lima de vidrio que no lima y la lima de barrotes de presidio. Resultado final: o igualar tus uñas te cuesta dos horas. O te quedas sin uñas para siempre. Sin uñas y sin dedos porque hay limas que no liman, más bien afilan. 

Capítulo aparte merecen las cutículas, los productos quitacutículas y los palitos de naranjo. También las pinzas y los pelos de las cejas y el bigote o labio superior. Los papeles de cera fría, la gillette, la epilady y otros sado-métodos de depilación. Pero lo dejamos por hoy. Porque me están entrando ganas de ponerme a vituperar y eso no es bueno para mi marca personal. Y vituperar, lo que se dice vituperar bien es cosa de los chicos de SMofa. Muy recomendables.

Foto by foter.com

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