jueves, 31 de julio de 2014

Una carta de presentación

Eudora Welty fue una escritora norteamericana. Autora de cuentos y novelas, fotógrafa, eso que llaman una mujer adelantada a su tiempo, longeva (1909-2001), sureña de padre yankee, admiradora de William Faulkner, coetánea y vecina de Truman Capote, Carson McCulllers, Harper Lee, Flannery O'Connor, Robert Penn Warren.... Su biografía es más propia de un personaje de novela que de una mujer nacida a principio del siglo pasado en Jackson, Mississippi. Universitaria en los años 20 y en plena Gran Depresión, fue justo en esos años cuando abandonó el Sur para completar su formación en el Norte. Estudió mucho, se buscó la vida en Nueva York y volvió a su casa de Jackson, Mississippi cuando murió su padre. Allí vivió hasta su muerte. Nunca se casó. Ganó un premio Pulitzer con una novela deliciosa, "La hija del optimista", el National Book Award, la Medalla Nacional de literatura y la Medalla Nacional de las Artes de los EEUU, fue la primera escritora viva incluida en una publicación de la Biblioteca Americana y en 1996 recibió la Legión de Honor de la República francesa. 

Eudora dedicó su vida a lo que le gustaba y sabía hacer bien. Probablemente es esa la aspiración vital máxima de cualquier ser humano. Si el ser humano en cuestión aún no ha entrado en el mundo laboral, es posible que ignore esta máxima manida y pomposa. Si el ser humano ha salido del mundo laboral y anda noqueado en el ring de la recolocación, los portales de empleo y los perfiles profesionales, entenderá perfectamente la sentencia. Eudora también se puso a buscar trabajo. Concretamente en Nueva York, cuando terminó la carrera. Quería trabajar en la revista The New Yorker y envió esta carta de presentación.

Caballeros,

supongo que estarían mucho más interesados en trucos y juegos de manos que en una solicitud para un puesto en su revista, pero como suele suceder en la vida, no se puede tener siempre lo que más se quiere.

Tengo 23 años, llevo seis semanas suelta por Nueva York. De todas formas, he sido una neoyorquina durante un año, entre 1930 y 1931 mientras asistía a clases de publicidad en la Escuela de Negocios de Columbia. Para ser exactos, soy del sur, de Mississippi, el estado más subdesarrollado del país. (...) En el año 1929 me licencié en la Universidad de Wisconsin donde obtuve mi título en Inglés sin ningún problema ni preocupación. Durante los últimos 18 meses he estado haciendo un poco el gandul en mi despacho de una emisora de radio en Jackson, Mississippi, escribiendo cuñas y continuidades, diálogos de Santa Claus, anuncios de comida para mulas, guiones sobre seguros de vida. Ahora ya he dejado todo eso.

En referencia a lo que podría hacer por ustedes ahora mismo, les diré que últimamente he estado viendo una cantidad indecente de galerías de arte y películas por 15 centavos. Podría hacer críticas sobre todo eso con mi ya clásica y exitosa indiferencia. Recientemente acuñé un término para hablar de la obra de Matisse después de visitar la galería de Marie Harriman en NY: concubinapple(1). Eso les puede dar una idea de cómo trabaja mi mente, rápidamente y sin tener muy en cuenta lo que se supone que es importante. Leo con voracidad y puedo sacar conclusiones y opiniones de manera vertiginosa. 

Como me he comprado unos sellos para estampar telas, una cantidad ingente de discos a un tal Mr. Nussbaum que los recoge por ahí y una reproducción de Los Bañistas de Cezanne de 2,5 cm de largo(espero que así se den cuenta de que leo a E.E.Cummings), estoy ansiosa por tener un apartamento. Y, claro, no hace falta que lo mencione, también un gramófono portátil. ¡Cuánto me gustaría trabajar para ustedes! Un pequeño párrafo cada mañana, un pequeño párrafo cada noche... no hace falta que me contraten de de sol a sol, aunque deben saber que trabajaría como una esclava. También puedo dibujar como Mr. Thurber, en el caso de que él se vuelva loco. He hecho un curso de pintura floral.

No sé qué haré si me rechazan. Me hago cargo de que ni siquiera se inmutarán, pero consideren mi alternativa. La Universidad de Carolina del Norte ofrece 12 dólares por bailar en el Congo, de Vachel Lindsay. Y si hace falta, me pongo a bailar el Congo. No tengo nada más que añadir, pero insisto en que soy muy trabajadora.

Afectuosamente, 
Eudora Welty

No. No es la típica y recomendable carta de presentación. Es estrafalaria, poco convencional y descarada. Todo lo contrario a lo que aconsejan por ahí. O quizás no. Responde con sinceridad a las premisas de una buena carta de presentación: despierta interés, habla de un proyecto, razona por qué sería buena para el puesto, se pone en el lugar del seleccionador y cuida las formas. Eudora Welty se vende perfectamente para trabajar en The New Yorker. Con un optimismo envidiable -propio de la edad- apuesta por ella misma y se ofrece, si hace falta, para sustituir a James Thurber, el humorista gráfico de The New Yorker y autor de la novela 'La vida secreta de Walter Mitty'. Alardea de su afinidad con E.E. Cummings, un poeta americano de la época. Si eras escritor e intelectual en aquella época, tenía que molarte E.E.Cummings. Y acaba Eudora su carta con un desafío encantador, con una confianza en sí misma sutil y desairada: señores de The New Yorker, si no me cogen, deben saber que me iré a la Universidad de Carolina del Norte a bailar en las representaciones de Congo, un poema sobre los negros americanos, como buena sureña que soy. Congo es un poema escrito por Vachel Lindsay, otro poeta norteamericano, poco conocido y padre del movimiento beat. Si en la carta Eudora Welty destaca sus virtudes y sus competencias, su peculiar y propia experiencia sin rubor ni afectación, si se vende segura de sí misma para el trabajo que deseaba, el que le gustaba y sabía hacer bien, ¿qué estrategia de búsqueda de empleo hubiera desplegado hoy con las redes sociales profesionales y el elogio de la marca personal? Seguramente muy alejada de la que aconsejan manuales, posts, debates, coaches y gurús por ahí. Pero digna de ver.

¿Cómo sería la carta de presentación que de verdad os gustaría escribir? Y si sois los que leéis esas cartas y tomáis decisiones en función de su fondo y su forma, ¿qué os gustaría encontrar en esas hojas o en esos pdf adjuntos? Creo que en los últimos meses he escrito más de 20 cartas de presentación y sólo hay una que no he enviado. A ver si sale por ahí alguna convocatoria para paperback writer.

Por cierto. A Eudora Welty nunca la llamaron del departamento de personal de The New Yorker, aunque años después de recibir su carta la buscaron para publicar sus artículos y relatos.



(1) Lamento ser incapaz de encontrar una traducción adecuada para la palabra inventada por Eudora. Probablemente se le ocurrió al ver los cuadros con concubinas y bodegones con manzanas de Henri Matisse en una exposición. Y de concubine+apple a concubinapple. Se adminiten sugerencias para actualizar el post en este sentido.

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