lunes, 4 de agosto de 2014

Me acuerdo (1)


Me acuerdo de que tengo un pato en las manos. Era de mi hermano, el de las piernas sucias a la derecha de la foto. Me acuerdo de que estaba muy enfadado porque el pato era suyo. A mi me compraron un pollito, pero se murió a los cuatro días y como la veteranía es un grado, me apropié del pato.

Me acuerdo de Sacha, la perra caniche gigante de mis abuelos. Me acuerdo de que mi abuela siempre me parecía muy guapa, pero muy mayor. En la foto tenía 57 años.

Me acuerdo de que mi madre nos hizo esos petos de cuadros de vichy rojos y blancos a los tres y de que llevábamos unas camisetas con un dibujo de un perro salchicha. También nos hizo unos trajes de marinero. 

Me acuerdo de que detrás del banco donde estamos sentados había un pequeño estanque con peces de color naranja y con renacuajos.

Me acuerdo de agujerear con la uña la pared de mi habitación en el chalet de mis abuelos para comerme el yeso. Me acuerdo de que entonces no me daba asco.

Me acuerdo de los helados de mantecado que hacían mi madre y mi abuela en una heladera traída de Andorra. Y de beber leche fría con granadina o con menta. Me acuerdo de haber ido a ver 'Sonrisas y lágrimas' en Andorra. 

Me acuerdo de los petit suisse blancos y del papel que tenían alrededor del envase por dentro.

Me acuerdo de ir a la playa y volver con los pies llenos de alquitrán y de que el alquitrán se iba con aceite de oliva.

Me acuerdo de las cangrejeras blancas-transparentes que también se manchaban de alquitrán y de la hebilla que siempre se oxidaba.

Me acuerdo de no usar cremas para el sol, de quemarme los hombros, de pelarme y arrancarme finas capas de piel y entonces decir: 'ahora ya no te quemas'.

Me acuerdo de esperar dos horas después de comer para bañarnos en la piscina para evitar un corte de digestión. 

Me acuerdo de que a mi primos rubios se les quedaba el pelo verde por culpa del cloro de la piscina.

Me acuerdo de que mi abuelo tenía un Talbot Horizon marrón. Jugábamos dentro del coche a conducir. Un día hacía yo de conductora y encontré unas revistas de chicas desnudas debajo del asiento. Me acuerdo que las revistas se llamaban Lib y tenían una pera mordida en el título.

Me acuerdo de la bronca que nos cayó por robar unas botellas de gaseosa, sifón y Fanta en la puerta de una tienda del pueblo.

Me acuerdo de ir andando al pueblo con mi madre y de que cuando pasábamos por la tapia del cementerio nos asustaba. Corríamos tanto que los pies nos tocaban el culo.

Me acuerdo del verano sin televisión. De los viajes en coche sin cinturón. De los manguitos, de los flotadores y de las burbujas. De los cromos que salían en los yogures, de las calcomanías, de los polos de limón de Avidesa, de los helados Camy, de la leche condensada, de la Almendrina, del pa amb tomaca con una tortilla francesa. De coger moras de arbustos llenos de abejas y comérnoslas sin lavar. De chupar los tallos de unas flores amarillas que tenían un sabor ácido y otra planta que sabía a anís. Me acuerdo de los chicles Bang bang y de los Cheiw, de los tanzanitos, los peta zetas, las pipas, los cigarrillos de chocolate, de unos chicles que tenían forma de botella de coca- cola, de los chimos y los tico tico. 

Me acuerdo de una bicicleta G.A.C. roja de la que me caía siempre en la misma curva llena de gravilla. Me acuerdo de la mercromina en las rodillas y en los codos. De costras gordas que me duraban todo el verano. 

Me acuerdo de '¿eres poeta? pues súbete la bragueta y de ¿qué hora es? y sus dos posibles respuestas: la hora 103 o las carne y hueso.

Me acuerdo de una medalla de plata en la que grabaron mi grupo sanguíneo y el teléfono de casa.

Me acuerdo de los recortables, de los sobres sorpresa, del scooby doo, de las tinieblas de la noche que mi abuela va en coche y de que detrás de las chapas de las botellas había unas piezas de goma que había que arrancar con la punta de un cuchillo y que se coleccionaban. 

Me acuerdo de Landelino Lavilla y de José Luis Balbín y de que me daba mucho miedo la cabecera de inicio de Informe Semanal porque salían unas imágenes de una explosión nuclear y una madre africana famélica con su hijo en brazos. 

Me acuerdo de Nikka Costa

Me acuerdo de dormir la siesta en la cama. 

Me acuerdo de que al salir del parque las manos me olían al hierro de los columpios. 

Me acuerdo de ir al practicante y de que el practicante viniera a casa.

Me acuerdo de que cuando me quitaron las amígdalas me pusieron una cosa negra de goma en la cara que olía a menta. Recuerdo que antes de salir al hospital todos en casa comieron pollo a l'ast y yo no podía comer, pero luego comí muchos helados. 

Me acuerdo de cortarle la cola a las lagartijas, del asco que me daban -aún me dan- los saltamontes y de meter bichos bola en una botella. 

Me acuerdo de las bolitas de mercurio del termómetro. De la aspirina infantil. 

Me acuerdo de comer la masa cruda de las croquetas. 

Me acuerdo de ir a revelar los carretes de la máquina de fotos. De 12, de 24 y de 36. 

Me acuerdo de que mi madre olía a Oil of Olay y mi padre a Eau Savage.



'Me acuerdo' es un libro de Joe Brainard (1942-1992). Este artista y escritor norteamericano repasa su infancia, adolescencia y juventud a lo largo de 150 páginas con este mismo formato. Cada párrafo, cada recuerdo empieza con ese me acuerdo. Retrata la América de los 50 y los 60 hablando de su familia, de la escuela, los amigos, el colegio, la estrellas de Hollywood, el sexo, la moda.... A pesar de la diferencia de edad es curioso que haya algunos recuerdos muy parecidos a los que guardo yo. El libro se lee en una tarde.

Y como está muy feo no citar fuentes, referencias e inspiraciones, me acuerdo de que este post decidí que algún día lo escribiría después de leer a la madre tigre. Al César lo que es del César.


0 comentarios:

Publicar un comentario