miércoles, 27 de agosto de 2014

Olivia Wilde o la banalización de la maternidad

En serio. Yo no quería. Yo ya me he quitado de esto. Ya no estoy para estos trotes. Hace años que han desaparecido de mi vida los biberones, el esterilizador y los botes de leche artificial y estoy en otros fregaos. El problema ha sido que, entre tanto chaparrón de agua fría solidaria, ha aparecido el vídeo de la actriz Olivia Wilde. Ella ha querido ser diferente y original y en vez de echarse por encima, como todo el mundo, litros de agua con cubitos de hielo, se ha tirado por la cabeza su leche. Exacto. Su leche materna. Con cubitos de hielo. 


Para empezar, con las cosas de comer no se juega. Olivia Wilde quiere que todo el mundo sepa que amamanta y que a pesar de eso no ha dejado de ser y estar estupenda. Genial. Quiere que la sociedad tome conciencia de la importancia de la lactancia materna. Completamente de acuerdo. Tan importante le parece esta cuestión, que la mejor manera que ha encontrado de defender, fomentar y normalizar la lactancia materna ha sido hacerse unas fotos dando de mamar a su bebé en un restaurante y publicarlas en una revista de moda. Magnífico. En cualquier caso, nada original porque la historia del arte esta llena de imágenes de vírgenes de la leche amamantando al niño Jesús y de diosas griegas, romanas e hindúes amamantando a futuros héroes y futuros dioses. A lo largo de los siglos, nadie se ha escandalizado por ver una teta al aire por mucho que el lactivismo se empecine en lo contrario. A los museos me remito. 

La foto de Olivia Wilde no es la foto más natural sobre lactancia natural, pero bueno. Es una actriz, es guapa y sobradamente lozana para protagonizar una portada de esta guisa. Al final, hace publicidad de la lactancia materna y ya somos todos mayorcitos para saber que la publicidad te engaña, te embauca y te engatusa para que compres. En este caso, para que compres la imagen idílica y soñada de la maternidad. Aunque sea irreal. Aunque nadie vaya por ahí con su bebé desnudo en un restaurante y se saque la teta -o el biberón- para darle de comer. Voy a utilizar el razonamiento lactivista para criticar los efectos de esta foto. Silogismo lógico: si la publicidad de leche artificial arrastra a las mujeres a entregarse al biberón, esta foto las arrastrará a amamantar. Porque ya se sabe que las mujeres no tenemos criterio y guiamos nuestros razonamientos a través de los caminos ilusorios de la publicidad y la imagen pública. Pues no. Salvo deshonrosos casos, dudo que alguna madre haya decidido de qué manera va a alimentar a sus hijos durante un periodo de tiempo determinado en función de una campaña de publicidad o de las fotos de las famosas. 

Olivia Wilde ha ido un paso más allá en la visualización y la normalización de la lactancia materna. Pero con el vertido solidario de leche materna sobre sí misma se ha pasado de frenada. Hay por ahí quien dice que es asqueroso. A mi no me lo parece. Y hay también por ahí gente, probablemente desorientada sexual y académicamente, que se hace un lío con otros fluidos y excreciones corporales en cubos y groserías de todo tipo. Ni caso. Cerdos repugnantes. 

A mi lo de echarse un cubo de leche materna con hielos por encima para concienciar a la sociedad sobre la esclerosis lateral amiotrófica y, de paso, sobre la lactancia materna, me parece una doble banalidad. Frivoliza la lucha contra una enfermedad horrible comparándola con la muy noble necesidad de fomentar la lactancia materna. Y trivializa la maternidad, igual que hacen esas fotos de portada y modelo amamantando, limitándola al hecho de amamantar o no amamantar y a ese periodo de tiempo en el que se amamanta o no se amamanta. Parece que esa es la cuestión. Pues no, queridas congéneres en la dulce espera, puerperio o baja maternal. Da igual que les deis teta o biberón. Crecen y la cosa se complica. Así que no vale la pena perder ni un segundo en pensar si es lo mejor o no es lo mejor, porque toda esa cavilación puede conducir al tormento, y no tiene nada que ver con lo que se os viene encima cuando ese adorable ser que se agarra al pezón o a la tetina, crezca. Os lo aseguro. Desde la ausencia total de mística maternal, sí, pero es así.

Olivia Wilde dice en el vídeo que no pudo encontrar agua y que por eso decidió utilizar leche materna. Mientras coge el cubo, bromea y dice que le costó toda la noche 'hacer esto'. Esto es muy típico de la jerga y del postureo lactivista: la comparación con la vaca, el elogio de la producción láctea y del tamaño de los senos, el mamiferismo... si alguien no entiende nada, que escriba en Google 'la mamá vaca', 'tenemos tetas', 'crianza con apego' o 'lactivismo'. El caso es que, ante la envidia generalizada del lactivismo, el asombro de la ciencia y los comentarios de cerdos repugnantes arriba mencionados, Olivia ha desmentido en su cuenta de Twitter que se tratara realmente de su leche y se dice y se comenta por ahí que era leche de vaca.

(Oh, espera,¿algunos de vosotros pensabais que era leche materna de verdad? Oh, gracias, pero mis tetas no son tan generosas. Jaja)


¿Es o no es banalizar? 

0 comentarios:

Publicar un comentario