jueves, 18 de agosto de 2016

52 Blue



'7 de diciembre de 1992. Isla de Whidbey. Estrecho de Puget. Las Guerras Mundiales habían acabado. Las otras guerras habían acabado: Corea, Vietnam, el golfo Pérsico. La Guerra fría también había acabado. La base aérea y naval de la isla de Whidbey se quedó. Como todo el Pacífico, enorme e insondable, además de un aeródromo bautizado en honor a un aviador cuyo cuerpo no apareció jamás: William Ault, muerto en la batalla del Mar del Coral. Así son las cosas: el océano se traga cuerpos humanos enteros y los hace inmortales.'

Así empieza el relato de Leslie Jamison '52 Blue'. Es la historia de la Ballena 52, también conocida como 52 Hercios. Es la historia de un cetáceo escurridizo que no ha sido localizado en aquellas coordenadas del Pacífico ni en ninguna de sus rutas migratorias. Es la historia de una ballena, de quienes la descubrieron y de quienes encontraron y siguen encontrando en ella su Moby Dick bueno, amable, empático. 52 Blue no es Leviatán. Para algunos 52 Blue es sólo una ballena, probablemente una ballena macho y para otros es mucho más. 

La descubrieron en la base de la isla de Whidbey. Una base sin uso militar a principios de los 90. Sin submarinos soviéticos a los que localizar, sin espectro electromagnético que manipular, ni frecuencias de radar que interceptar, la base sufrió recortes de personal, las operaciones menguaron, se desclasificó parte del equipamiento y los hidrófonos de la Marina de los EEUU se tuvieron que dedicar a otras cosas. Aquel 7 de diciembre de 1992, los técnicos detectaron un sonido extraño. No tenían muy claro qué era. La suboficial Vilma Ronquille estudió durante horas los espectogramas. No sabía qué era, sólo sabía que registraba valores de 52 hercios. Ronquille consultó con sus compañeros, volvió a medir y a estudiar las anotaciones hasta que le dijo a su colega Joe George: 'Creo que es una ballena'.


"-Joe pensó, 'madre mía'. Parecía algo imposible. Para una ballena azul, que es lo que esto parecía, una frecuencia de 52 hercios estaría fuera de todos los registros. Las ballenas azules están entre los 15 y los 20 hercios, en el límite de lo que el oído humano puede percibir, como un minúsculo murmullo. Pero ahí estaba, justo delante de ellos, la huella sonora de una criatura nadando por las aguas del Pacífico cantando una canción sorprendentemente aguda."

Soy de letras pero me he documentado. Esta ballena canta en una frecuencia 'por encima de la nota más baja de una tuba', pero mucho más alta que la que utilizan sus congéneres, cuyos sonidos se quedan entre los 12 y los 25 hercios. Nadie puede oírla. Según mi vecino físico, si existiera un sonido identificable en esa frecuencia sería el de un aplauso con una mano. Es decir, nada. Las ballenas emiten sonidos para navegar, para encontrar comida, para comunicarse con otras ballenas, para aparearse. Las ballenas azules macho tienen un canto más agudo que las hembras. Un canto que puede recorrer muchas millas debajo del mar. La ballena que descubrieron en la isla de Whidbey era diferente. Le siguieron el rastro durante años, en sus rutas desde Alaska a México. Todo lo que observaron, primero los técnicos militares y después los biólogos, era normal. Todo excepto su canto, su voz y el hecho de que siempre parecía estar solo. Era una ballena que emitía sonidos en una frecuencia fuera de lo normal. Inaudibles. Una ballena incapaz de comunicarse. Sola. Aislada.


"... sonaba fantasmagórico, aflautado, palpitante... el equivalente en sonido a un rayo de luna que atraviesa la espesa niebla en una noche de luna llena."

Fue el oceanógrafo Bill Watkins y su equipo del Woods Hole Oceanographic de Massachusetts quienes certificaron que ese inédito sonido lo emitía una ballena. La estudiaron durante una década, pero llegaron los atentados de las Torres Gemelas, se acabaron los fondos para la investigación y la base de Whidbey volvió a sus orígenes militares. Y su estudio terminó con unas conclusiones en un artículo científico.


"No sabemos qué tipo de ballena es, o si se trata de una especie híbrida o de un cetáceo con alguna anomalía. Probablemente es complicado aceptar que sólo haya uno de esta clase en esta gran extensión del océano".

La prensa descubrió a 52 Blue y con afán divulgativo y ante una historia atractiva, empezaron a aparecer reportajes y artículos sobre la ballena del estrecho de Puget con titulares tan sugerentes como La canción del mar, a capella y sin contestación, La ballena más solitaria del mundo, La canción de amor no correspondido de la ballena solitaria... Nacía la leyenda de la ballena solitaria, triste, huidiza, inalcanzable y silenciosa. Empezaron a llegar centenares de cartas al Woods Hole Oceanographic. Cartas de personas que encontraron en esa ballena la metáfora de sus vidas solitarias. Y de las cartas, a las cuentas de Twitter y a los perfiles de Facebook el fenómeno se multiplicó.


"Eran las cartas de los corazones rotos, de las personas con mal de amores, de los solitarios, de los heridos una vez, de los doblemente tímidos y de los heridos dos veces, de los retraídos... gente que se identificaba con la ballena o que sufría por ella o por cualquier variedad de sentimientos que podían proyectar sobre el animal."

Los científicos que recibieron las primeras cartas se convirtieron en confesores involuntarios de centenares de devotos de 52 Blue. Pero una cosa eran las cartas de pobres diablos y almas en pena, y otra muy diferente la atención mediática y la falta de rigor científico en las informaciones que se publicaron. Una de las investigadoras compañera de Bill Watkins se enfadó al hablar con Leslie Jamison y le dejó ver que estaba hasta las narices de la leyenda y sus consecuencias.


"No sabemos qué demonios es... no sabemos si tiene una malformación... ¿Está solo? No lo sé. A la gente le gusta imaginar a esta criatura ahí fuera, nadando en su soledad, cantando mientras nadie le escucha. Pero yo no puedo asegurar eso. ¿Se reproduce con éxito? No tengo ni la más remota idea. Nadie puede contestar esas preguntas. ¿Está solo? Odio relacionar emociones humanas como esas a los animales. ¿Las ballenas se vuelven solitarias? No lo sé y ni siquiera quiero tocar este tema."

¿Quién escribe estas cartas? ¿Quién se identifica con una parábola protagonizada por una ballena? ¿Quién se refugia en la historia de un animal disfrazado con rasgos humanos? Leslie Jamison encuentra en su trabajo de campo a Leonora, una mujer de 48 años que acaba de despertar del coma. A Juliana, una estudiante muy tímida, a Zee, un fotógrafo que pasa una mala racha después de una ruptura sentimental, a David, un hombre que pierde su trabajo después de 20 años y al que se le vienen encima un cambio de domicilio y un divorcio. Personas que sienten que no pueden hablar con nadie y que nadie les entiende desde sus 52 hercios de aislamiento. Y así teje el relato de los efectos de un descubrimiento científico a través de la mirada y el sentimiento de un grupo de personas que buscan respuesta y alivio a su soledad, a la falta de comunicación, a la incapacidad de conectar, a la exclusión buscada o forzada. Y que lo encuentran, cada uno a su manera, en una ballena.


"Lo es todo y cualquier cosa, dijo Leonora, cualquier cosa que quieras que sea. Es el sueño que nunca podrás alcanzar, es un premio de un millón de dólares en la lotería, es Shangri-la. Es todas esas cosas a las que aspiras. Incluso es Dios. ¿Cómo sabes que no está aquí para curarnos y que su canción es sanadora?"

De momento 52 Blue no está. No está físicamente localizada pero la buscan para hacer un documental. La caza de la ballena esquiva no es sólo un argumento literario. Es una búsqueda para dar sentido, para reconciliarse, para vengarse, para pasar página. Y esas cosas, como dice Herman Melville en Moby Dick 'no están en ningún mapa. Los lugares verdaderos nunca lo están'. 

"52 Blue no sólo sugiere la imagen de una ballena como metáfora de la soledad, sino un metáfora en sí misma para aliviar la soledad. La metáfora siempre conecta dos puntos discrepantes: sugiere que no hay nada malo en el aislamiento, no existe la vergüenza más que en los ojos de los otros. Muchos fans de 52 ya eran solitarios antes de que sus vidas les dieran una razón a su soledad. David estaba solo en su matrimonio estable, Zee era solitario antes y después de su ruptura. La soledad sale a la búsqueda de metáforas para definirse y para acompañarse de relevancia y afinidad. Ahora hay un grupo de gente reunida en torno a esa afinidad... alguien dirá que es una comunidad reunida alrededor de  un centro vacío. Cuando volcamos toda nuestra compasión sobre 52 Blue no tenemos sentimientos hacia un ballena, sentimos por lo que hemos construido sobre la imagen que tenemos de esa ballena. Pero ese sentimiento existe. Y eso es lo que importa." 

Mientras buscan a 52 Blue vale la pena leer lo que ha escrito Leslie Jamison y decidir si es sólo una ballena o no y si eso importa realmente. Se puede leer en esta web que publica relatos y se puede leer también en Amazon


Post publicado en septiembre de 2014. Revisado y actualizado ayer.




Photo credit: l i l o n d r a / Foter / Creative Commons Attribution 2.0 Generic (CC BY 2.0)

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