jueves, 9 de octubre de 2014

El rencor



El rencor tiene mala fama. La psicología le atribuye la responsabilidad de casi todos los males de la humanidad, los libros de autoayuda le acusan de sumir a los seres rencorosos en el emponzoñado submundo de la cólera y la inquina y los coaches entrenan a su clientela resentida en la carrera por la resiliencia y en la lucha contra los cadáveres en el armario y los demonios en el jardín. Todos aquellos que se erigen en azote del rencor lo someten a metáforas rebuscadas en las que lo comparan con un veneno, con una semilla tóxica o con cadenas que privan al resentido de libertad, de paz y de salud.

El rencor está desprestigiado. No merece semejante campaña difamatoria. El rencor se manifiesta en múltiples formas y en diversos momentos de la vida. Es habitual que se muestre con toda su intensidad entre madres e hijas. Puede aparecer transmutado en servicio postal y aunque la persona aquejada de episodios rencorosos intente evitarlo, regresa en un tris, en el lugar más insospechado, por ejemplo en la lectura de un libro. O en fechas señaladas. Como la de hoy. El rencor no es caprichoso y su raíz está en la percepción de que algo nos ha sido arrebatado. Algo que nos pertenecía. Llámese trabajo, servicio público, amistad, seguridad, justicia o paz materno-filial. Se establece una nueva relación deudor-acreedor que, francamente, tiene difícil solución porque el pago de la cuenta es imposible. 

Es necesario desdramatizar el rencor y reconocerle su papel en las relaciones humanas de todo tipo: personales, familiares, sociales y políticas. Javier Marías dice que "el rencor es una fuerza enorme de la que puede ser difícil prescindir". Si no podemos prescindir del rencor, démosle utilidad. Aquí no se tira nada. El rencor puede servir para ganarnos algo de respeto. De auto-respeto. Puede ser una medicina contra el olvido y combustible para la lucha. Puede ser un punto de apoyo, una boya señalizadora o un espejo retrovisor. 

Dicen que no es conveniente mirar excesivamente al pasado en dirección a momentos duros y recuerdos negativos. Que hay que apuntar la vista y la vida hacia delante. Que las cosas pasan y ya está. Lo dicen psicólogos, autoayudantes y coaches como guardias urbanos o agentes del tráfico de las cosas de la vida. Bien. Pero si conduces sin espejos retrovisores te ponen una multa. No es recomendable viajar sin ellos porque son imprescindibles para una conducción segura. Aún así, hay que recorrer esta carretera y pensar que sí, que los motivos del rencor en el espejo, están mucho más cerca de lo que parece. Pero están ahí. 


Photo credit: Matthew T Rader / Foter / CC BY-NC-SA

5 comentarios:

  1. a veces el rencor te sirve para tirar hacia adelante luchar por algo. Es inherente al ser humano. Después hay que depurarse.Es como un virus lo atacas febrilmente con toda tu rabia te puede servir para sanarte y después recuperarte.

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  2. Yo soy muy fan del rencor, pero no es para todo el mundo. Puede servir de empuje, de fuerza que tire de ti un tiempo y sobre todo para no olvidar a los que te putearon y porqué lo hicieron para que no vuelva a ocurrir. Una vez dejado claro su valor se puede guardar en un cajón hasta que vuelva a hacer falta.

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  3. 'Es como un virus'.
    'Una vez dejado claro su valor se puede guardar en un cajón hasta que vuelva a hacer falta'.
    Estoy muy de acuerdo. Podría actualizar en post con vuestras palabras. Lo dejo así y me las guardo por si me vuelven a hacer falta.
    Besos!!

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  4. Fantástico el post, Anna... Siento mucho lo que pasó y que acabara así, todo pasa por algo, dicen, pero que pase por culpa de otros da para una buena ración de rencor, sin duda.

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    1. Gracias Mónica!!
      Veo ahora tu respuesta. No sé si te llegará notificación. Este post era antiguo pero lo volví a compartir con motivo del segundo aniversario del cierre de Canal 9. Todo va mejor pero el rencor lo tengo en el cajón. Recupero el blog. Le estoy quitando el polvo. Besos!

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