martes, 4 de noviembre de 2014

De niña a ingeniera

Lamento no haber encontrado otro titular para este post. No sé cómo llegó la inspiración a través de reminiscencias melódicas, pero el caso es que el título de aquella canción sobre el tránsito por la pubertad de la hija de un famoso cantante resume la intención del siguiente artículo.

¿Qué tiene que pasar para que una chica de 17 años elija estudiar una carrera científica? ¿Qué debe ocurrir para que esa joven decida que quiere dedicar su vida profesional a la ciencia o a la tecnología? ¿Qué experiencias, conocimientos o capacidades debe tener y debe haber cultivado a lo largo de su vida académica y personal para que además, esa carrera se llame Ingeniería informática o Física

Sobre esto se habló recientemente en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universitat de València en la Girl's Day. Una jornada en la que varios representantes de diferentes ámbitos del mundo universitario reflexionaron en voz alta sobre las diferentes iniciativas que pueden acercar a las chicas a carreras científicas y tecnológicas. Pero no a medicina o enfermería, donde las mujeres son mayoría. A los estudios más duros, tortuosos y complejos como la Ingeniería electrónica industrial, con un 5% de alumnado femenino, la Ingeniería Telemática con un 11% o el Máster en Física Avanzada en el que la asignatura de astrofísica estelar no tiene este curso ni una sola fémina matriculada. Desde la organización de la Girl's Day recuerdan que 'las mujeres constituyen un 60% del alumnado de grado en el curso 2012-13' en la Universitat de València, una proporción 'acorde con la que las mujeres representan en el conjunto de la sociedad'. Pero también observan que, a pesar de esta notable presencia, dicha 'proporción no se distribuye de una forma equilibrada entre las distintas titulaciones'. Probablemente, otra proyección de la sociedad real.

¿Las chicas son de letras y los chicos de ciencias? ¿Las mujeres son genéticamente peores con los números y los conceptos abstractos? ¿Sacan mejores notas ellos para acometer la hazaña de acceder a las ingenierías? Parece que no. Las mujeres son mayoría en Medicina desde que se implantaron los numerus clausus. Porque este sería uno de los estereotipos y sesgos anulados por los hechos, pero hay muchos más. Además, parece que esas inaccesibles titulaciones de alto contenido matemático dan lugar a carreras profesionales con incertidumbre a la vista, con horarios anti-conciliación y poca estabilidad. En principio no parece un panorama laboral muy diferente al de otras carreras. 

Entre las causas sobradamente identificadas de la escasez de mujeres en las carreras científicas y tecnológicas, destaca la ausencia de referentes visibles. Sólo dos mujeres han recibido el premio Nobel de física: Marie Curie y Maria Goeppert Mayer que fue galardonada hace 50 años. No, yo tampoco había oído hablar de ella. Es cierto que no hay modelos ni imágenes en los medios de comunicación, en la literatura o en el cine que puedan atraer a las chicas. Y como no existen, hay que inventarlas y entonces es cuando aparecen aberraciones en forma de campaña publicitaria para promocionar la investigación entre las jóvenes europeas. Esta campaña fue retirada de la circulación a los pocos días de estrenarse. Y en la otra cara de la moneda, el recurso a la imagen tópica de la niña apocada y solitaria a la que le gustan los experimentos. ¿A nadie se le ocurre nada más? ¿No hay término medio entre la científica con tacones y la empollona friki? 

Hay infinidad de teorías y planteamientos sobre esta cuestión y ninguna acaba de dar en el clavo de las razones del déficit de vocaciones científicas o tecnológicas entre las mujeres. Pero existir, existen. Una de las pruebas vivientes de que una mujer puede ser ingeniera es María Villarroya, licenciada en Físicas, doctora en Ingeniería electrónica, profesora del área de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza. Ella fue la encargada de pronunciar la conferencia inaugural de la Girl's Day y de dar una visión realista -y poco autocomplaciente- del estado de las cosas: a pesar de los esfuerzos, los estudios de género, las campañas, las encuestas, las acciones positivas... las chicas no acaban de llegar a estas carreras universitarias y profesionales. Una visión realista en la que insistió en que todo esto 'no es cuestión de tiempo, porque ese tiempo ya ha pasado'. Quizás, en este capítulo de la igualdad ha llegado el momento de plantearse aquello de 'si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo'. Una máxima atribuida, por cierto, a Albert Einstein

¿Debe pasar todo el esfuerzo por la igualdad a través de las mujeres? ¿Todas y cada una de las acciones de discriminación positiva deben caer sobre nosotras? Parece qie sí porque se supone que somos el eslabón débil de la cadena. Pero para dejar de ver carreras universitarias y trabajos masculinizados o feminizados, habrá que empezar a poner también el foco sobre la participación de los hombres en todo esto. La presencia de hombres en la educación infantil (estudios y escuelas) ronda el 10%, sólo el 1'7% de los padres solicitaron la baja por maternidad compartida en 2013 y las excedencias por cuidado de hijos (o ascendientes) entre ellos, no sólo son exiguas sino culturalmente poco agradecidas. El compromiso de los hombres se queda muy pero que muy justo, las políticas de igualdad no hacen el contrapeso necesario a la educación y los referentes masculinos en funciones o trabajos tradicionalmente femeninos son insignificantes. Si nos parece normal que no haya hombre en las guarderías, ¿cómo vamos a conseguir que haya mujeres en los laboratorios?

María Villarroya también dijo que hay que ir abajo, mucho más abajo. Concretamente hasta las escuelas infantiles o los ciclos de primaria para identificar por qué y cuándo se produce esa fuga de posibles vocaciones científicas. Tengo en casa a una niña de 6 años que está obsesionada por construir una máquina del tiempo y a otra de 8 dándole vueltas todo el día a eso que le han dicho en el colegio de que el universo es infinito. No tengo muy claro si el tiempo de pasar de niñas a ingenieras se ha esfumado ya para ellas.

Post publicado en La Vanguardia-Comunidad Valenciana el 28-10-2014.

Photo credit: wiredforlego / Foter / CC BY-NC

1 comentario:

  1. Coincido contigo y con María Villarroya que el cambio debemos hacerlo desde muy abajo para que no crezcan con esterotipos ni prejuicios. Y ¡enhorabuena! por la publicación del artículo. Besos.

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