jueves, 18 de diciembre de 2014

Grabar la corrupción

Mientras en España se retiran placas y distinciones a políticos condenados por corrupción, en el estado de Pennsylvania, en los EEUU, han decidido que la historia no se borra y no se olvida.


Nuestros gobernantes y legisladores, tanto estatales como autonómicos, andan ocupados montando portales de la transparencia y elaborando medidas contra la corrupción. Algunos no tienen más remedio que ir capeando el temporal de portadas de escándalo, autos de procesamiento, aperturas de juicio oral e ingresos en prisión. Entre unas cosas y otras, buscan la manera de convivir con un fenómeno que el ritmo procesal convierte en un rosario de sobresaltos.

Las medidas anticorrupción, los gestos y las peticiones públicas de perdón están muy bien como arma de disuasión masiva: a partir de ahora al que se le pase por la cabeza corromperse y delinquir, ojo, que va en serio. Pero, ¿qué pasa con los débiles de espíritu que caigan rendidos a la tentación del vil metal, al unto o a las infracciones varias? ¿Y qué pasa con aquellos y aquellas que han superado con bonus todas las líneas rojas y tiene condena firme o ya están a la sombra? ¿Qué ocurre con los políticos que cumplen o cumplirán en breve sentencias de cárcel por delitos de corrupción?

En elestado de Pennsylvania (EEUU) lo tienen claro. Mientras aquí los boletines y diarios oficiales echan humo con disposiciones de retirada de retratos, medallas y laureles, revocaciones de órdenes y embajadas y devoluciones de escaños y títulos honoríficos, allí se lo han planteado de otra manera. En las paredes del Capitolio estatal cuelgan decenas de cuadros con las caras de senadores, representantes y speakers republicanos y demócratas. Próceres que merecieron respeto y consideración hasta que delinquieron. En concreto hay cuatro retratos de legisladores estatales condenados y encarcelados por delitos de corrupción: dos que, según el juez, usaron recursos públicos para fines políticos, otro condenado por obstrucción a la justicia y el cuarto por evasión de impuestos y fraude postal. Una avalancha de deshonores que han merecido la atención de los órganos de gobierno de las cámaras estatales. “¿Qué hacemos? ¿Quitamos sus retratos o hacemos algo más?” La pregunta se la hacía hace unos meses un portavoz de los republicanos. Y él mismo se contestaba: “No puedes cambiar la historia, te guste o no. Creemos que los retratos se tienen que quedar donde están y la gente ya sacará sus propias conclusiones”.


En el Capitolio de Pennsylvania no sólo han dejado los cuadros de sus corruptos colgados de las paredes. Han ido un poco más allá. Han añadido en la placa donde se puede leer el nombre, los años de mandato y los logros del ex prohombre convicto, los delitos por los que fue condenado y la pena que cumplió. Así queda, por ejemplo, la placa del demócrata Robert Mellow:

Robert Mellow
Miembro de Senado 1971-2010
Presidente Pro Tempore 1992-1994
El señor Mellow no se presentó a la reelección en 2010. En 2012, fue declarado culpable de delitos de corrupción política y evasión de impuestos y fue sentenciado a pena de prisión el 30 de noviembre de 2012.


Es sólo una idea que podrían considerar nuestros gobernantes. Un anexo a las placas que adornan monolitos, edificios, aeropuertos y rotondas que un día fueron inauguradas por políticos condenados hoy -o mañana- por corrupción. Sería una medida ejemplarizante y un impulso al sector de los trabajadores del grabado. No se trata de despreciar el derecho de todo ciudadano a la reinserción, ni de reivindicar la letra escarlata para los políticos. Se trata de no cambiar ni borrar la historia. Sólo contarla. Y la gente, ya sacará sus conclusiones.
 

1 comentario:

  1. Pues sí, me parecería genial que lo hicieran aquí, aunque lo veo difícil, ya sabes cómo somos aquí.

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