domingo, 8 de febrero de 2015

Las vacunas, los antivacunas y Roald Dahl


Recuerdo a todos los niños de primero o segundo de EGB en fila y a unas personas en bata blanca que nos daban unos terrones de azúcar impregnados en un líquido rosa. Era la vacuna contra la poliomielitis. Es el único recuerdo dulce que tengo de una vacuna. El resto son memorias de carreras, lloros y pánico a las agujas. Siempre me ha fascinado todo lo que tiene que ver con las vacunas: desde las cicatrices que lucen muchos brazos de más de 40 años, hasta el hecho de que la palabra 'vacuna' viene de la palabra 'vaca'. De la viruela de las vacas, una enfermedad que sufrían estos rumiantes y que contagiaban a las personas que las ordeñaban. Las ordeñadoras pasaban la viruela de las vacas y si llegaba una epidemia de viruela humana -mucho más grave y mortífera- ellas sabían que no se contagiarían. Un médico inglés que se llamaba Edward Jenner se enteró de aquello a finales del siglo XVIII y pensó que sería una buena idea reproducir ese mecanismo que volvía inmunes a las ordeñadoras: inyectó el fluido extraído de una llaga de viruela de vaca de una campesina a un niño. El niño mostró síntomas de la viruela vacuna. Mes y medio más tarde, Jenner intentó infectar al niño con la viruela humana y el niño no se infectó. Un siglo después llegó Louis Pasteur, sus patógenos debilitados, la vacuna contra la rabia... el tétanos, la tos ferina, tuberculosis, tifus, difteria, paperas, rubeola, varicela, polio, meningitis, sarampión.... Y así, hasta hoy.

Pero hoy, este fugaz recorrido por la historia del principal logro de la investigación biomédica y una de las principales causas de la mejora de la salud y la calidad de vida del ser humano ha hecho una parada muy lejos de aquí. En Estados Unidos. Allí hay un brote de sarampión que registra ya 87 casos hasta el 29 de enero. Casi tantos como en todo un año. El brote se inició en California, enun parque de Disneyland, donde 36 personas enfermaron de sarampión. Las autoridades sanitarias confirman que la mayoría de estos enfermos de sarampión son niños no vacunados.

Son hijos de padres que han protagonizado el descenso en picado de las tasas de vacunación en los EEUU desde 1990. Padres que fueron vacunados en su momento y que ahora abominan de la inmunidad de manada, esa que se produce cuando se vacuna a una parte de la población proporcionando a su vez protección a los no vacunados. Padres que anteponen sus creencias personales a la ciencia y que durante años han alegado en su campaña el timo de un médico -hoyexpulsado de la profesión- que relacionaba la administración de la vacuna triple vírica con el autismo. O argumentos de complot e intrigas de la industria farmacéutica. O que, como el sarampión es una enfermedad del pasado erradicada de la faz de la salud occidental, ya no hace falta vacunarse. Las enfermedades no se erradican por arte de magia. Algunas necesitan muchos terrones de azúcar impregnados y muchos pinchazos dolorosos. El sarampión no está erradicado. La única enfermedad infecciosa que la OMS considera erradicada es la viruela. Sí, la viruela de Edward Jenner.




Miles de quilómetros nos separan de esta realidad, de las consecuencias de años de movimiento antivacunación y de un brote de sarampión que preocupa al mismísimo Barack Obama, que aconseja públicamente a los padres norteamericanos que vacunen a sus hijos. Pero antes de que el virus conspi-paranoico y el negacionismo de consecuencias dramáticas cruce fronteras y nos alcance, propongo incluir en el calendario obligatorio de vacunación una dosis de sensatez en forma de carta. La el escritor británico Roald Dahl, el autor de 'Charlie y la fábrica de chocolate' o 'Matilda' que, en 1962, vio morir a su hija Olivia de 7 años por lascomplicaciones del sarampión. En 1962 no había vacuna efectiva contra el sarampión. Roald Dahl decía: “aquí en Gran Bretaña, donde muchos padres rechazan, bien por obstinación, ignorancia o miedo, que sus hijos sean inmunizados, todavía padecemos 100.000 casos de sarampión cada año... Es casi un crimen permitir que tus hijos no estén vacunados”. Así es. También en 2015.


Imagen
Wellcome Library, London



Actualización del post publicado en la edición digital de La Vanguardia Comunidad Valenciana el 03/02/2015


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