domingo, 10 de julio de 2016

RTVV: maldad vs traición

Reflexions d'estar per casa després de la lectura d'este article de Xelo Miralles 
publicat en el diari Levante-EMV.

La maldad es objetiva. Hay cosas que no tienen explicación aunque nos esforcemos en otorgarles un sustantivo que las defina o un adjetivo que las califique. Hay sucesos incomprensibles a los que buscamos una explicación que nos permita digerirlos: fue una locura, estaba equivocado, mal asesorado. El mal es una elección: puedes hacer el mal o no hacerlo. Cuando alguien trata a las personas como cosas, cuando alguien piensa que sus argumentos son más valiosos que los de los otros, cuando alguien miente, cuando sólo mide las consecuencias de una acción desde la pequeñez afectiva y desde de la perspectiva superficial que da un despacho oficial, cuando alguien hace cosas así, es malo. Y ser malo reduce a la mínima expresión un montón de cosas incomprensibles como, por ejemplo, incumplir una sentencia judicial, tratar a mil y pico personas como objetos de inventario, tomar una decisión descomunal tras una breve y vanidosa reflexión, justificarla con mentiras y desaparecer del mapa que ha dejado arrasado.

La traición es subjetiva. En muchas ocasiones depende de las expectativas y las expectativas son como el vidrio. Frágiles. Cuanto mayor es la altura de las expectativas, mayor es el estrago y la sensación de traición. Tiene que ver con la confianza de quien se siente traicionado y con la coherencia de quien no es consciente o no reconoce haber traicionado. Ha habido muchas puñaladas traperas desde los idus de marzo, los programas electorales y las fotos de campaña están llenos de felonías. Hay que contar con ello. Guardo en una libreta una cita subrayada en algún libro que asegura que 'tenemos que desconfiar unos de otros, es la única defensa contra la traición' (Camino Real, Tennesse Williams). Sentirse traicionado, engañado, despreciado y abandonado cuando los recuerdos,  las hemerotecas y los registros de Twitter guardan tantas pruebas del quebranto de la palabra y de la -ahora- dudosa motivación de tantos titulares y declaraciones, es lógico. También es comprensible que los efectos del mal originario sean inabarcables e irresolubles, pero es que un 'no' no esconde nada, y un 'sí' se convierte fácilmente en un engaño. En una decepción.

No tengo altura filosófica para expresar una opinión en el recurrente debate sobre qué ha sido peor, el mal de Fabra o la traición del PSPV-Compromís, pero todo ejercicio de razonamiento deductivo conduce a la misma conclusión: que sin mal no estaríamos hablando de traición y que, como diría Carl Sagan, para hacer un empastre partiendo de cero, primero tienes que crear un cataclismo.

El mal es el big bang de la traición. El desencadenante sine quan non. Maldad y traición se igualan por la costura de la injusticia y lo peor de esta historia será que la traición consiga que el mal se convierta en algo que pasaba por aquí.




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