martes, 30 de agosto de 2016

La carga del envejecimiento

¿Qué supone nacer, crecer y vivir en un mundo cada vez más envejecido? La población mundial envejece rápidamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho cuentas y asegura que, por primera vez en la historia, la mayoría de los adultos de mediana edad tiene a sus padres vivos. El envejecimiento de la sociedad ya no es un proceso, es una realidad. Una carga global que soportan las familias y las administraciones. La ciencia busca cómo hacer esta carga más llevadera. Más digna y saludable.



Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), por primera vez en la historia de la Humanidad, cuatro generaciones conviven juntas. En muchos hogares no es extraño celebrar una reunión familiar en la que se siente a la mesa un miembro octogenario, incluso nonagenario, rodeado de hijos, nietos y algún biznieto. En España hay 7 millones de personas de más de 65 años y el 25% tiene más de 80. Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que asegura que en el año 2015 las personas mayores de 65 años superarán el 30% de la población y serán casi 13 millones, mientras que los octogenarios llegarán a ser más de 4 millones, el 30% de la población nacional.

Estas cifras son el resultado del desarrollo sanitario y económico, pero tienen una doble lectura: el último estudio sobre Envejecimiento de la población y desarrollo de la ONU de 2009 sitúa a España como el país más envejecido del mundo en 2050. Para entonces, y según las proyecciones de Naciones Unidas, el 40% de la población española tendrá más de 60 años. Para tener una visión completa de estas previsiones, conviene fijarse en dos variables más: la tasa de fertilidad y la esperanza de vida. España es, tras Japón, el país con mayor índice de esperanza de vida para las mujeres. Las españolas viven una media de 85 años, un récord de longevidad que las sitúa sólo por detrás de las japonesas, que viven hasta los 87. Los hombres españoles, en cambio, no están entre los 10 primeros puestos del ranking masculino que lidera Islandia, según el informe de Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014 hecho público recientemente por la OMS. El escenario futuro se completa con la tasa de fertilidad más baja de toda Europa: 1,32 hijos por mujer española en edad fértil, según cifras de 2012 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).


Según la ONU España será el país más envejecido del mundo en 2050 con un 40% de la población por encima de los 60 años.

‘NO ME PASA NADA, SÓLO QUE SOY MUY MAYOR’  Pilar cumplió 94 años en febrero. Desde hace cuatro meses vive en una residencia para la tercera edad en Tarragona. Hasta que sus hijos tomaron la decisión de ingresarla allí, vivía en su piso, atendida por tres personas diferentes en turnos de mañana, tarde y noche. Su hija vive en Valencia y su hijo, aunque vive en la misma ciudad, “aún trabaja y además, es un hombre”, dice Pilar. “Ahora sé que tenía que haber venido antes a la residencia. Aquí estoy mejor atendida y doy menos trabajo a mis hijos. Pero sigo pensando que no estoy tan mal para estar en una residencia”.

Pilar no tiene ningún problema de salud grave. Ha sobrevivido a sus tres hermanos -dos mayores y uno más joven- y a su marido y si pasa de los 94 años también habrá superado la edad a la que murió su madre. “No tengo nada malo, pero no duermo, me duelen mucho los huesos y me cuesta mucho andar. Es que soy muy mayor”, dice Pilar. Si hubiera que hacer un diagnóstico, coincidiría bastante con el resumen que hace Cristina Mora, médico de atención primaria en Centro de Salud de Bétera (Valencia) sobre los trastornos más frecuentes entre las personas mayores: “Patologías crónicas, como hipertensión arterial, diabetes, bronquitis; patologías neurodegenerativas como la demencia senil, el mal de Alzheimer, Parkinson; la artrosis que no es una patología mortal, pero causa mucho dolor…”.

Los pacientes de la tercera edad representan el 46% de las consultas en atención primaria, donde los facultativos aseguran que son el colectivo que más tiempo y recursos consumen.

La doctora Mora recibe cada día en su consulta a decenas de personas mayores. Dice que son el 46% de los pacientes totales atendidos en la consulta de una zona salud de cerca de 40.000 habitantes. Además de representar casi la mitad de las consultas, la doctora Mora destaca que los pacientes mayores consultan más que los jóvenes y consumen más tiempo y recursos. “Ciertas morbilidades propias de la tercera edad están asociadas a alteraciones auditivas y visuales y aumentan el riesgo de caídas que provocan fracturas y encamamiento, lo que supone una disminución drástica de la calidad y el pronóstico de vida. En este tramo de edad hay más riesgo de malnutrición o deshidratación, situaciones que, asociadas al dolor crónico, la soledad y la polimedicación y sus efectos secundarios, hacen caer en picado la calidad de vida de personas cada vez más longevas. Y básicamente por eso vienen tanto”, resume Cristina Mora.


“LA HIJA Y LA HEREDAD, PARA LA ANCIANIDAD”: ENVEJECIMIENTO Y GÉNERO

 El refranero y la tradición popular mantienen la idea de que las hijas deben hacerse cargo de sus padres cuando son mayores. La tesis doctoral de Angelina Grygoryeva, estudiante de Sociología en la Universidad de Princeton, parece confirmar este principio. Según Grigoryeva, las hijas norteamericanas se encargan de sus padres una media de 12,3 horas al mes, mientras que los hijos dedican 5,6 horas al mes a esta tarea y concluye que “los hijos reducen sus esfuerzos de atención a sus mayores cuando tienen una hermana, lo que sugiere que los hombres traspasan esta responsabilidad a las hermanas”. Los datos de este estudio provienen de una encuesta a 26.000 americanos de más de 50 años que publicó en 2004 la Universidad de Michigan. La autora de la tesis asegura que estamos ante otro ejemplo de desigualdad de género: “Estas cuidadoras tienen que conciliar la atención a sus mayores con su trabajo y esto tiene resultados negativos en forma de sacrificios profesionales y salariales”.

LOS EFECTOS SECUNDARIOS DE LA LONGEVIDAD El envejecimiento es una cuestión multifactorial. Un proceso inexorable que plantea una lista de tareas para todos los agentes implicados: el sistema de salud, la administración general y las familias. El desarrollo científico y tecnológico del último siglo tiene efectos secundarios como, por ejemplo, la prolongación de la vida hasta edades impensables. Hace un siglo, tener 50 años suponía estar a las puertas de la ancianidad. Hoy no. Hoy una persona de 70 años se ofende al oír en las noticias cosas como ‘en el accidente ha resultado herido un anciano de 70 años’.

Una de las consecuencias del envejecimiento de la población es el retraso en la edad de jubilación para hacer sostenible el sistema de pensiones. En España, en 1970 había 7 trabajadores en activo por cada pensionista. Hoy son 3 las personas que cotizan por cada jubilado. La población de mayor edad en España experimentará un crecimiento más rápido que la media europea; el grupo de población de edad media comprendida entre los 15 y los 64 años disminuye y conduce a la sociedad española a contar con una proporción reducida de personas laboralmente activas: todo un desafío para la sostenibilidad del estado del bienestar y para las economías occidentales, que son las que más se enfrentan a los efectos secundarios de la longevidad.

En España, en 1970 había 7 trabajadores en activo por cada pensionista. Hoy son 3 las personas que cotizan por cada jubilado.

Además, en 2013 los fallecimientos en España bajaron por primera vez desde 2010. En las próximas décadas, en Occidente habrá más ancianos que niños. Ancianos más longevos que necesitarán más atención de un sistema con menos recursos y con más desafíos.“Con los avances médicos y la mejora en el manejo de enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes, se ha conseguido aumentar la esperanza de vida pero esta longevidad, en la inmensa mayoría de los casos, va asociada a una pérdida de la calidad de vida a medio plazo”, dice Cristina Mora. Pilar lo dice con otras palabras: “Para estar así, ¿por qué tenemos que vivir tanto tiempo?”.

¿QUIÉN SE ENCARGA DE LOS ABUELOS? La necesidad de atención de larga duración está aumentando y la OMS ya prevé que el número de personas que no pueden valerse por sí mismas se multiplicará por cuatro hasta 2050. La falta de movilidad impide a muchas personas mayores vivir de manera autónoma. Para muchas familias estas circunstancias inherentes al envejecimiento son una carga. ¿Dónde y con quién deben vivir los mayores? La doctora Cristina Mora contesta: “En esa reflexión y en la toma de decisiones debe tenerse en cuenta el nivel de dependencia de la persona y la red familiar existente. Cada caso debería ser examinado por el médico y el trabajador social del centro de salud junto a la familia y al anciano. Para mí, lo ideal es que el anciano viva con su familia, pero esto es cada día menos frecuente”.

Pilar hubiera preferido dejar su casa para estar con su hijos pero eso la hubiera convertido en una ‘anciana maleta’, un término al que suele referirse Cristina Mora para hablar de muchos ancianos: ‘son mayores que viven con sus hijos por turnos. Esto no resulta satisfactorio ni para los hijos ni para en anciano que tiene la sensación de ser una carga’. Los hijos trabajan o están lejos, las residencias son caras y el cuidado de los mayores se convierte en un problema. Las familias recurren a cuidadores externos, una opción que no agrada al anciano y tampoco a los médicos: ‘Suele ser personal no preparado y son demasiadas las ocasiones en las que nos encontramos ante situaciones en las que la vida del mayor no es precisamente digna. Al final, como en todo, los recursos económicos facilitan o dificultan las cosas’.

Se conoce como ‘ancianos maleta’ a aquellos mayores que viven con sus hijos por turnos. ‘Esto no resulta satisfactorio ni para los hijos ni para en anciano que tiene la sensación de ser una carga’, asegura Cristina Mora.

La importancia del envejecimiento de la población y el cambio en el patrón epidemiológico de la sociedad en las últimas décadas obligan a reorientar el sistema sanitario hacia la atención del anciano como paciente crónico. Una idea que, según los últimos estudios, cambia el paradigma de la asistencia social y sanitaria a través de “una atención primaria que sea el eje de la atención por sus características de atención longitudinal y cercanía poblacional, con profesionales formados y con la coordinación por parte del médico de familia de la intervención de los especialistas, incentivando la atención domiciliaria, reforzando el papel de la enfermería y poniendo en valor a los trabajadores sociales dentro de un equipo multidisciplinar”. Estos son los objetivos de la dirección general de asistencia sanitaria de la Conselleria de Sanitat de la Comunitat Valenciana y la apuesta de la mayoría de los expertos en la materia: los abuelos, en casa con la familia y atendidos por su médico de cabecera.

TELÓMEROS Y TELOMERASA PARA FRENAR EL ENVEJECIMIENTO CELULAR

 La directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), María Blasco explica uno de sus trabajos sobre el envejecimiento celular con esta imagen, la del cuadro del pintor renacentista alemán Hans Baldung (1484-1545), ‘Las tres edades de la muerte’. Una alegoría sobre el proceso de envejecimiento y la muerte. Cuatro personajes representan la infancia, la juventud, la vejez y la muerte, que sostiene un reloj de arena como símbolo del paso del tiempo. Y una lechuza que representa la capacidad para ver el futuro que posee la ciencia. María Blasco utiliza esta imagen en sus ponencias para explicar que el envejecimiento celular es la causa de la aparición de enfermedades como el cáncer o la enfermedad cardiovascular: con el paso del tiempo se acumula daño en las células, que pierden sus funciones. El origen de este daño está en el acortamiento de unas estructuras llamadas telómeros que están al final de los cromosomas. Los telómeros se acortan por la desaparición, en la edad adulta, de una enzima llamada telomerasa que sólo se encuentra durante el desarrollo embrionario. Al envejecer y al perder telomerasa tenemos más riesgo de padecer enfermedades asociadas al envejecimiento. “Hay hábitos de vida que pueden influir en la velocidad de acortamiento de los telómeros: ejercicio, alimentación saludable y disminución del estrés correlacionan con el mantenimiento de los telómeros”, explica María Blasco. El objetivo es encontrar la manera de reactivar la actividad de la telomerasa. El CNIO ha conseguido demostrar que es posible retrasar la aparición de enfermedades y alargar la vida en ratones mediante la activación de esta enzima. Según María Blasco, “la investigación ha demostrado que es posible retrasar el envejecimiento y con ello la aparición de enfermedades gracias a la activación de telomerasa” y añade que con estos datos se puede decir que “es posible vivir más y mejor”.

EL SECRETO ESTÁ EN LOS GENES Vivir más tiempo y más sano es posible. La ciencia trabaja en este doble objetivo y continúa buscando las claves para conseguirlo. Pero la investigación sobre el envejecimiento no tiene como fin encontrar el elixir de a eterna juventud. El envejecimiento es la acumulación de daño en el ADN a lo largo de la vida de una persona. Esa acumulación de daño es la misma que origina el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas como el alzhéimer. En 2013, cinco investigadores, entre ellos los españoles María Blasco, Manuel Serrano y Carlos López-Otín publicaron en la revista Cell un artículo titulado ‘Las claves del envejecimiento’, en el que exponían esta idea. El artículo revisa y marca el camino de la investigación actual y futura en el campo del envejecimiento. “Esta revisión no habla de teorías, sino de evidencias moleculares y genéticas”, dijo María Blasco (CNIO) al presentar el estudio.


Según Manuel Serrano, las conclusiones de este estudio anulan la “frivolidad” con la que, en ocasiones, se habla sobre el envejecimiento: “No se trata de no tener arrugas ni de vivir cien años a cualquier coste, sino de prolongar la vida sin enfermedad”. El fin último, dijeron los autores, es “identificar dianas farmacológicas que mejoren la salud humana durante el envejecimiento”. Y para ello la búsqueda se centra en el genoma.

Un estudio publicado en la revista científica PLOSone revelaba que el secreto genético de las personas más longevas del mundo, si existe, es muy complejo. Tras secuenciar el genoma de 17 supercentenarios los autores no encontraron variantes comunes a las personas más longevas. Como Pilar, que a sus 93 años tiene una teoría sobre su longevidad. “Creo que he llegado hasta aquí porque lo pasé mal cuando era jovencita en la guerra y en la posguerra, pero siempre me he cuidado y ahora es como si tuviera un tiempo de más por aquellos años malos”. La teoría de Pilar carece de rigor científico. La longevidad no es un plazo extra, pero el envejecimiento tiene que ver con el paso del tiempo y con el complejo mecanismo de un reloj que la ciencia sigue intentando descifrar y comprender.

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Post publicado en  marzo de 2015 en Comunicar Ciencia, blog del Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental de la UPF Barcelona School of Managemenet. Pilar es mi abuela. En febrero de 2016 cumplió 95 años. Esta tarde la llamaremos para charlar con ella. 

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