martes, 6 de septiembre de 2016

Disecciones y metáforas para hablar de la enfermedad

Cuenta la tradición familiar que mi bisabuela María, cada vez que una conversación sobre las últimas noticias de amigos, conocidos o parientes acababa monopolizada por las enfermedades, obligaba a terminar la charla de esta manera: 'Parlem de putes'. No hace falta traducción para la contundente sugerencia de la madre de mi abuelo materno. Hablar de enfermedades ejerce una atracción especial. Del interés al morbo (morbo significa enfermedad) hay un amplio abanico de posibilidades y oportunidades para hablar de enfermedades. En muchas ocasiones, hablamos de enfermedad cuando no estamos hablando de enfermedad. La crisis económica es como un enfermo de cáncer que no responde a la quimioterapia; el virus de la deuda lastra el crecimiento económico, hay virus informáticos y los incendios son virulentos cuando realmente son violentos; hay riesgo de contagio en la zona euro, las bolsas mundiales están en estado comatoso y la política de pactos de los partidos es esquizofrénica.

La enfermedad es una de las metáforas mas recurrentes en el discurso político y periodístico, pero la enfermedad también se vuelve metáfora, a veces para explicar, a veces para ocultar, para intentar entender o para no llamar a las cosas por su nombre. Depende de quién la use. Las enfermedades, los trastornos y desórdenes, son ideas sobre la realidad imperfecta de la naturaleza a la que la medicina trata de poner orden. Y curar. Si hablamos de divulgación científica, la metáfora permite llegar al gran público aunque en el camino se desdibujen teorías, tesis y teoremas. El camino de la ciencia hasta el gran público a veces es  tortuoso -por causas que no vienen al caso- y es necesario un esfuerzo para hacer comprender lo complejo a través de lo cercano. Eso es, más o menos, una metáfora y así es, más o menos, como una metáfora puede hacer que entendamos una enfermedad.

En su caso, los relatos de Disecciones hacen de cada una de las enfermedades narradas, una metáfora vital: el olvido, el abandono, el miedo, el futuro insostenible, el castigo, la muerte, el sufrimiento, el encierro, la inconsciencia, lo real y lo irreal. O lo que es lo mismo, el alzhéimer, el cáncer, el alcoholismo, el párkinson, la enfermedad mental... En algunas narraciones no sabemos qué enfermedad padece exactamente el protagonista, pero podemos identificarla porque responde al lenguaje común de todas las enfermedades: el sufrimiento, el dolor, el miedo, la muerte. La enfermedad forma parte de la vida y todos hemos tenido, tenemos o tendremos alguna relación con ella en algún momento. Sabemos cuándo se está hablando de la enfermedad. En sentido figurado o literal.

Pero demasiadas metáforas identifican a la enfermedad con la épica del sufrimiento, con el castigo o la trascendencia espiritual, con la victoria y la derrota tras una batalla. Perdedores y vencedores en un combate contra cáncer, las drogas o la ELA. Dice Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas, que "nunca es inocente el concepto de enfermedad". Sontag, escritora, novelista, ensayista y enferma de cáncer, reflexiona sobre la enfermedad y sus representaciones, sobre el peso que tienen las imágenes de la enfermedad en la percepción social y, sobre cómo "la propia reputación de la enfermedad" incrementa el sufrimiento de quienes la padecen.  En definitiva, sobre cómo hablamos de la enfermedad y por qué muchas conversaciones sobre la enfermedad animan a cambiar de tema como pedía mi bisabuela: por ignorancia, temor, mitos y algunas metáforas. "No todas las metáforas que se aplican a las enfermedades y sus tratamientos son igualmente desagradables y distorsionantes. La que más me gustaría ver archivada (...) es la metáfora militar", dice Sontag.

Las metáforas no están sólo en el lenguaje, impregnan la vida porque están en el pensamiento y en la acción. No es posible pensar y explicar sin metáforas. Nada es simple y mucho menos la enfermedad, pero la carga metafórica de la enfermedad no debería ser nunca moralizante, punitiva, condenatoria, porque como dice Sontag, "las metáforas y los mitos matan. Por ejemplo, infunden un miedo irracional a las medidas eficaces como la quimioterapia y fomentan la creencia en métodos totalmente inútiles como las dietas y la psicoterapia". Nadie enferma por castigo, ni por bioneuroemociones, las largas enfermedades tienen un nombre y algunas, a veces, matan. No se pierde ni se gana ninguna guerra, te curas o no te curas. A veces la enfermedad no tiene ningún significado. Sólo es una mala pasada.

Esta que escribe se declara partidaria de las buenas metáforas y alumna aplicada del análisis del discurso. Por eso me ha gustado Disecciones. Porque es un corte para asomarse a la enfermedad desde la experiencia personal del enfermo, del cuidador, del familiar. Diez bisturíes en manos de diez autores que nos acercan al sufrimiento, al dolor, al silencio, a la confusión, la dificultad y, también a la alegría. A todo lo que guarda la enfermedad. Disecciones es la enfermedad en la ficción, ese terreno que nunca hemos pisado pero en el que nos encontramos como en casa.

Enhorabuena a NextDoor Publishers, a Oihana Iturbide, a su equipo y a los autores de este Disecciones en las puertas de su segunda edición. Digo este Disecciones porque sería una gran noticia que viera la luz un Disecciones II para seguir hablando de la enfermedad. Tengo hueco en la estantería junto a Némesis de Philip Roth, La montaña mágica, de Thomas Mann y Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Y esto no es una metáfora.


6 comentarios:

  1. Me hiciste soltar la carcajada nada más empezar con lo de tu bisabuela. ¡Menuda mujer! Luego me ha parecido un análisis directo y profundo, una auténtica disección. Gracias por una mirada sugerente e inteligente. Lo único que no me encaja es eso de "no lo tengo claro" porque me parece que lo tienes clarísimo.
    Un saludo cordial

    ResponderEliminar
  2. Hola José Ramón. Muchísimas gracias por leer el post y por tus palabras. Es un honor para mí. ¡La iaia María fue un gran personaje!
    No, no suelo tenerlo claro, así en general... cuando me pensaba en abrir un blog, me decía: 'no lo tengo claro'. Con cada idea para un título, pensaba: 'no lo tengo claro'. Así que no se podía llamar de otra manera :-)
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. No he leído el libro, pero tu articulo me anima a hacerlo. Hay una parte de la ciencia y de la medicina que depende de la narracion personal y de aquellos que acompañan. No tengo a mano algunos de los fragmentos de Oliver Sacks que me gustaria, pero él decia algo así como que no es posible hacer buena medicina sin recurrir a la narrativa personal (algo que ŕl admitia haber aprendido de los libros de Luria). En la neurología, la psiquiatria, la psicologia es clave, pero tambien en la practica diaria de otras especialidades. Éso no significa prescindir de los aparatos y las medidas 'objetivas', sino ahondar en la condición (algunos de los casos sobre los que él escribia ni si quiera se ajustan a lo que calificariamos como enfermedad) y la persona a través del lenguaje. El lenguaje, más académico, más embellecido, literario, o más accesible, más llano, y la ilustración, son las herramientas que tenemos para transmitir, a cualquier nivel. Encontrar o crear una narrativa que permita transmitir el detalle y a la vez estimular la curiosidad del lector, es tanto como idear una nueva técnica de representación en la practica médica o científica. Ojala la editorial tenga suerte pueda consolidarse. Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te animo a leer el libro y a seguir el trabajo de NextDoor Publishers. Creo que existen las herramientas y las personas que las usan con maestría para construir esa narrativa de la que hablas. Reconozco que reflexión sobre Disecciones ha estado muy marcada por el libro de Sontag, por la percepción social y perodística (deformaciòn profesional) de la enfermedad/salud. Contar la enfermedad, esa es la cuestión.
      Muchísimas gracias por leer el post.

      Eliminar
  4. Vaya con la iaia... También en mi casa se dice esa frase. Me llega al alma tu cita de Sontag, ella tenía una mirada privilegiada. Un saludo ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, en mi casa es una frase clásica.
      Me ha gustado mucho 'Mati'. Me ha hecho sentirme pequeña y algo despreciable. Me he acordado de cómo no he sabido manejar alguna situación parecida. No saber qué decir, qué hacer, incluso quedarme en el coche aparcado fingiendo hablar por teléfono para no encontrarme con Alicia que ha vuelto a casa después de sufrir un ictus.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar