miércoles, 16 de mayo de 2018

‘Papá Piernaslargas’. Jean Webster



Jerusha Abbot es la huérfana de más edad del Hogar Infantil John Grier. Se llama así porque la directora del centro utilizó la Biblia y la guía telefónica para bautizarla. Ella prefiere que la llamen Judy. Ha pasado toda su miserable pero digna vida en el orfanato y sigue allí en tiempo de descuento porque ya tiene diecisiete años. Como desamparada de mayor edad, sus expectativas vitales y profesionales se reducen a cuidar de los más pequeños, planchar y remendar ropa, sonar narices y ayudar en la cocina.

Un buen día, o mejor dicho, un «Miércoles negro» su vida cambia. El primer miércoles de cada mes es el día dedicado a la visita de los patronos del Hogar Infantil John Grier. Todos los niños alimonados, perfumados y formales, listos para ser sometidos a revista por los filántropos mantenedores del hospicio.

Ese «Miércoles negro» será el último de Judy en la inclusa, porque un misterioso mecenas de visita, tras revisar su excelente expediente académico y su situación personal con la directora del centro, decide hacerse cargo del futuro de la huérfana Abbot: la envía a la universidad y se compromete a pagarle los estudios y la manutención durante cuatro años para que se convierta en escritora. A cambio, Papá Piernaslargas Smith, alias y nombre en clave de este bienhechor, solo pide una cosa: «Una carta en la que le cuentes cómo van tus estudios, y tu vida diaria. En resumen, la carta que les escribirías a tus padres si vivieran».

«Fergussen Hall, 215. 24 de septiembre
Estimado amable señor patrono que envía a las huérfanas a la universidad…»


Así empieza la acción en un libro maravilloso, tierno, desternillante, en el que conocemos la intensa vida académica y social de una joven expósita universitaria norteamericana de principios del siglo XX. Una huérfana parida — literariamente hablando — por Jean Webster, otra universitaria — en este caso de finales del XIX — , escritora, sobrina nieta de Mark Twain, activista social y sufragista.


Sorprende en esta novela epistolar la modernidad de las afirmaciones y reflexiones de una chica centenaria. Judy Abbot disfruta aprendiendo, se deja el alma estudiando por las noches y escribiendo trabajos, cuentos, proyectos de novelas y una cantidad colosal de cartas que le envía a Papá Piernaslargas. Judy se esfuerza mucho y también sueña y disfruta y ríe y está enormemente agradecida a la vida y a la oportunidad que ha recibido. Es irónica, responsable, independiente, tierna, poco convencional, honesta, consciente, valiente, culta, despierta y crítica.

«Este curso he elegido economía entre las optativas: es una asignatura de lo más esclarecedora. Cuando acabe con ella, me matricularé en caridad y reformas y luego, señor patrono, sabré bien cómo se debería dirigir un orfanato. ¿No cree usted que si yo tuviera mis derechos sería una votante muy capaz? La semana pasada cumplí veintiún años. Este país demuestra muy poco sentido al no sacarle partido a una ciudadana tan honrada, culta, industriosa e inteligente como podría serlo yo»


Judy conoce mundo gracias al patrocinio de Mr. Smith, presumiblemente, aquel señor elegante y espigado al que vio cerca del despacho de la directora el día de visita de los patronos al Hogar y al que decidió llamar Papá Piernaslargas por su parecido con un tipo de araña común. Y todo se lo cuenta a él a través de cartas que nunca tienen contestación. Una circunstancia que enoja a la entrañable Jeruscha y que enreda el argumento y las teorías de la huérfana sobre la identidad, personalidad e intenciones de su benefactor.


No. Este Papá Piernaslargas no es el de la película. La única coincidencia entre ambas versiones tiene que ver con la longitud de las extremidades inferiores de Fred Astaire y las del «amable señor patrono que envía a las huérfanas a la universidad». Como casi siempre, el libro es mucho mejor.



Papá Piernaslargas. Traducción de María Sierra. Turner Libros. España, 2015. 204 páginas. 

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